Este blog pretende ser un herramienta de intercambio de información, experiencias y conocimientos, para ampliar en lo posible la formación y poner de manifiesto la relación entre la capacidad motriz y la inteligencia.La defensa indivisible del hombre para que su desarrollo sea equilibrado. Los conocimientos no se dan aislados tal como ofrece la educación actual... somos una unidad.
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sábado, 13 de enero de 2018
domingo, 27 de agosto de 2017
sábado, 10 de junio de 2017
sábado, 11 de marzo de 2017
MUEVE LOS PIES PARA ENTRENAR LAS NEURONAS
Empiece por concentrarse y estudie durante 45-60 minutos esa información tan difícil de retener que necesita para aprobar su próximo examen.
Espere que transcurran cuatro horas, póngase el chándal y salga a practicar un ejercicio aeróbico durante 35 minutos, procurando que su ritmo cardíaco alcance el 80% de sus pulsaciones máximas.
Éstos son los pasos a seguir si queremos aplicar la última técnica de estudio descubierta por neurocientíficos holandeses y dada a conocer en Current Biology.
El resultado: lo que ha estudiado quedará grabado a fuego en su hipocampo, el área de la sesera con forma de caballito de mar encargada de almacenar información a largo plazo. No es magia, sino pura química. Los científicos saben desde hace algún tiempo que cuando en el cerebro se liberan dopamina y norepinefrina (catecolaminas), la memoria se consolida.
Y resulta que el ejercicio físico es una de las actividades que más aumenta la secreción de estas moléculas. "Todo cuadra", asegura Guillén Fernández, investigador del Centro Médico de la Universidad de Radboud (Países Bajos) y coautor del estudio, que también ha demostrado que ejercitarse inmediatamente después de estudiar no tienen ningún efecto sobre la memoria.
"Los cambios químicos ocurren con un ejercicio adecuadamente temporizado, realizado en el momento oportuno", argumenta Fernández.Buena parte de los efectos del deporte se debe a que poner los músculos a trabajar aumenta la producción de la proteína BDNF (siglas inglesas de factor de crecimiento derivado del cerebro). La molécula que cumple funciones de socorrista para las neuronas. Tal y como se podía leer a principios de año en la revista Neurology, cuanto mayor es la reserva de esta sustancia más protegido está nuestro cerebro frente a agresiones como las placas que se forman en la mente de los enfermos de Alzhéimer.
Aumentar la cantidad de BDNF equivale a pisar un freno que ralentiza el deterioro cognitivo hasta un 40%. A fin de cuentas, la edad de nuestro cerebro depende de cuánto movemos nuestro esqueleto. Dicho de otro modo, mover las piernas es el ansiado elixir de la eterna juventud. Empleando técnicas de neuroimagen, un equipo de científicos japoneses liderado por Hideaki Soya demostró hace poco que gran parte del cerebro de los hombres de edad avanzada que se mantienen en forma funciona prácticamente igual que una sesera joven.
Entre otras cosas, mientras que al envejecer solemos dejar de usar la corteza prefrontal izquierda para afrontar tareas mentales que implican a la memoria a corto plazo o la capacidad de reconocer objetos y personas, en individuos entrenados la actividad de esa zona se mantiene a tope con el paso de los años. Como si fueran siempre unos chavales. Investigadores de la Universidad de Miami (EE UU) han dado un paso más traduciendo los efectos del sedentarismo a cifras. Apalancarnos, aseguran, hace que el cerebro envejezca 10 años más rápido que si practicamos ejercicio moderado o intenso.
Huelga decir que las neuronas salen muy bien paradas cada vez que vamos a correr o a montar en bicicleta. Entre otras cosas porque el ejercicio intenso aumenta también los niveles de dos neurotransmisores, el glutamato y el GABA (siglas de ácido gamma aminobutírico) que previenen la depresión, como ha demostrado Richard Maddock, psiquiatra de la Universidad de California-Davis (EEUU).
En sus experimentos ha puesto de manifiesto también que cuando adoptamos estilos de vida sedentarios el que peor parado sale es el órgano pensante. Después de todo, no hay que perder de vista que, desde un punto de vista metabólico, el ejercicio vigoroso consume más energía cerebral que hacer complicados cálculos matemáticos o jugar al ajedrez. Y aunque nadie sabe a ciencia cierta aún en qué se emplea tanta energía, Maddock asegura que en parte se destina a fabricar neurotransmisores a manos llenas.No sólo eso.
El gasto energético cerebral se podría explicar porque salir a correr y otros ejercicios aeróbicos ponen en marcha la fabricación de neuronas nuevas (neurogénesis) en las zonas de la sesera dedicadas al aprendizaje y la memoria. Y eso aumenta el volumen de la mollera. Sobre todo de la corteza entorrinal, que crece considerablemente cuando ejercitamos nuestros músculos, según demostraba hace poco un estudio de la Universidad de Boston (EEUU).
A la vista de estas investigaciones, el cliché de empollón cuatro ojos, patoso y apalancado en el sofá ha quedado completamente obsoleto. Hincar los codos resulta más efectivo cuando ejercitamos el resto del cuerpo. Y para presumir de ser el más listo de la clase y tener una auténtica memoria de elefante no hay nada mejor que dedicar tiempo a correr y cultivar la musculatura.
Mens sabia in corpore deportista.
http://www.elmundo.es/vida-sana/mente/2017/01/13/586e0fd6e5fdea8c248b4676.html
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CEREBRO Y DEPORTE,
EJERCICIO FÍSICO
sábado, 4 de marzo de 2017
¿EN QUÉ PIENSAS MIENTRAS CORRES?
POR TONO FERNÁNDEZ - 03/03/2017
Todos sabemos ya que correr es un gran ejercicio para el cuerpo, en especial para nuestras piernas y nuestro corazón, pero también lo es para la mente.
Muchos corredores comienzan a practicar este deporte por mejorar su estado físico, por adelgazar o por competir, pero pronto se dan cuenta de que en realidad les aporta algo que no se esperaban y que también es muy interesante: un estado de desconexión y de relax mental muy grande, unas vitaminas para la cabeza.
Cuando salimos a hacer un rodaje cómodo (lo que podemos llamar un trote suave), para nuestra mente podría equivaler a estar tranquilamente sentado meditando mientras miramos el paisaje. La diferencia es que las piernas le impulsan y mueven nuestro cuerpo, pero durante ese tiempo, la cabeza no se tiene que preocupar de ninguna actividad que le perturbe como una llamada de teléfono, el ordenador, un Whatsapp que entra, los gritos de tu jefe, una clase de matemáticas, etc. Nada de eso. Solo ver el paisaje y no tener estímulos externos.
Y, ¿qué es lo que conseguimos durante esa desconexión? ¿A qué nos dedicamos?
Imaginad ahora que nos dieran todos los días una hora de tiempo, antes de nuestra jornada o al final de la misma, para poder ordenar todas nuestras tareas, o para poder encarar algún problema y buscar solución, o simplemente para pensar en lo que nos apetezca. Pues eso es correr a trote suave para nuestra mente. Entre las opciones, las hay múltiples:
- Organizar agenda. Muchas veces necesitamos poner el freno y pensar en todas las tareas que tenemos que hacer. Cuando uno está engullido por el día a día, a veces es necesario poner perspectiva y poner en orden todo lo que tenemos que hacer para avanzar. Es una opción que mucha gente practica mientras corre.
- La solución a ese problema. Algo parecido ocurre con un problema concreto. Muchas veces es necesario cambiar la perspectiva, abrir la mente y encarar los problemas desde otro ángulo para encontrar una solución a algo que nos agobia. Para ello, también hemos de dedicarle tiempo. Es otra de las opciones que mucha gente asume, dedicar la carrerita del día a pensar en esa cuestión que no podemos solucionar y verla desde otros puntos de vista.
- Nuevas ideas. Simplemente salir a correr sin pretensiones. A muchísima gente se le ocurren ‘nuevas ideas’ mientras corre. En realidad, no hay ningún poder extraño en esto de correr, simplemente ocurre así porque, probablemente, es el único momento del día en el que han podido parar a pensar durante un buen rato. Y solo eso, pensar, con lo que las ideas fluyen. Las nuevas, también.
- El propio disfrute. Los más afortunados, ni siquiera tendrán que pensar en nada. Simplemente la cabeza les llevará por ‘pensamientos de deleite’. Disfrutar del propio entorno, del paisaje, los árboles, el atardecer o el amanecer, y que eso nos evada a otros pensamientos mejores. Se trata de un paréntesis en nuestro día, una carga de buen rollo y buenos pensamientos que nos da energía mental para seguir adelante. Les sucede mucho, también, a las personas que corren con música y se dejan invadir por las canciones.
- Los estudios. Muchos estudiantes hacer repaso mental de su temario cuando corren. Bueno, no es que sea lo que más nos ayude a desconectar, ciertamente, pero sí que es verdad que ayuda a abordar el estudio de una manera diferente y más amena.
- La propia técnica de carrera y la dosificación del esfuerzo. Estos pensamientos se dan cuando nuestro rodaje ya no es tan suave o cuando le ponemos toda la atención a lo que estamos haciendo. Nuestra mente se centra en los propios procesos de la carrera, cómo estamos corriendo y, si estamos apretando un poco más, lo que nos falta, el cálculo de ritmos, esfuerzo, etc.
http://www.carreraspopulares.com/noticia/en-que-piensas-mientras-corres
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CARRERAS,
CEREBRO Y DEPORTE
viernes, 24 de febrero de 2017
viernes, 27 de enero de 2017
sábado, 3 de diciembre de 2016
EL DEPORTE ANTES QUE LAS MATEMÁTICAS

El estudio analiza el efecto de la actividad deportiva en 120 jóvenes.
El deporte es salud, y sus efectos también pueden contribuir a mejorar el rendimiento académico de los estudiantes. Así se desprende de un estudio que se ha llevado a cabo en el Centro de Investigación del Deporte de la Universidad Miguel Hernández de Elche, que apunta que los adolescentes poseen una mayor capacidad cognitiva después de realizar una sesión de actividad física.
Un trabajo que viene a decir que sería conveniente programar las clases de Educación Física a primera hora, para afrontar después en mejores condiciones el resto de asignaturas.
El director del Centro de Investigación del Deporte, Eduardo Cervelló, aseguró que «hemos comprobado que una sola sesión de actividad física ya sirve para mejorar la capacidad cognitiva de los adolescentes, por lo que resultaría interesante programar las actividades físicas antes que las asignaturas más importantes». Cervelló indicó que «el rendimiento académico no es igual si el alumno asiste a la clase de Educación Física antes de la de Matemáticas que después».
La actividad física mejora la vascularización del cerebro que implica, apunta Eduardo Cervelló, «que llegue más oxígeno y nutrientes al cerebro, creando un sustrato biológico más favorable a la función cognitiva, con lo que se consigue que las neuronas funcionen mejor».
Los investigadores de la UMH han comprobado que con una sola sesión de entre veinte y treinta minutos de ejercicio físico se mejora la atención, la capacidad de memoria y el procesamiento de la información.
Por ello, los expertos aconsejan que los colegios e institutos programen las actividades de Educación Física antes de asignaturas como Matemáticas o Física, que, dijo Cervelló, «son tareas que necesitan una mayor función cognitiva, más atención, más memoria, y más capacidad de procesamiento de la información».
Los investigadores han llevado a cabo un estudio piloto con 120 alumnos de varios institutos de Elche en el que se han analizado como los diferentes tipos de intensidad en la actividad física mejoran la capacidad cognitiva. Concretamente, han utilizado el paradigma dosis-respuesta, con el fin de ver qué tipo de actividad física resulta más beneficiosa para estimular la capacidad cognitiva de los alumnos.
Cervelló explicó que «hemos medido cuánta actividad física, con qué intensidad, y con cuánta frecuencia es óptima para conseguir un buen resultado cognitivo». Así, se han valorado los resultados de sesiones de actividad física suaves y otras de mayor intensidad, y lo que se ha concluido es que el ejercicio intenso es el más beneficioso para estimular el cerebro de los adolescentes.
De esta forma, el director del Centro de Investigación del Deporte subrayó que «el mejor resultado en población adolescente se consigue con sesiones de actividad física de entre 20 y 30 minutos con una intensidad de moderada a intensa».
No obstante, los expertos universitarios advirtieron que nunca hay que llegar al agotamiento físico. Es aconsejable aumentar la intensidad para estimular el cerebro, pero sin provocar el agotamiento.
Mayores
Además de con adolescentes, los investigadores de la UMH también están trabajando con personas mayores, para contribuir a los estudios que evidencian que una personas activa goza de mayor salud.
En este caso, los expertos de la UMH están analizando las dosis de ejercicios que requieren las personas mayores para gozar de una mejor calidad de vida, reduciendo el número de enfermedades crónicas, y mejorando su capacidad cognitiva.
http://www.diarioinformacion.com/elche/2016/11/16/deporte-matematicas/1828605.html
COMO SALVAR A UNA PERSONA DE UN DERRAME CEREBRAL
Todos deberíamos estar siempre preparados para cualquier emergencia. Tú también puedes salvar a una persona con derrame cerebral y evitar la muerte mientras esperas un servicio de emergencias.
Con sólo una aguja o jeringa, te mostramos cómo lograrlo.
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El derrame cerebral es clínicamente conocido como accidente cerebrovascular (acv). Ocurre cuando el flujo sanguíneo que va hacia el cerebro se ve alterado o interrumpido.
Un área del cerebro deja de recibir oxígeno y nutrientes por lo queinterrumpe su actividad y comienza a morir lentamente. Existen dos tipos de accidentes cerebrovasculares:
El acv isquémico ocurre por un coágulo sanguíneo que obstruye un vaso sanguíneo e impide la circulación.
El acv hemorrágico es causado por la ruptura de un vaso que provoca una hemorragia interna.
Los derrames cerebrales son la tercera causa de muerte en Occidente.
También son una de las principales causas de invalidez en adultos, dejando secuelas graves para siempre. Muchos tratamientos pueden disminuir las secuelas cuando el paciente es tratado a tiempo. Para ello, es necesario estar atentos a los síntomas y saber cómo auxiliar a la persona que sufre el ataque.
Hoy te contamos cómo socorrer y salvar a una persona con derrame cerebral. ¡¡Presta mucha atención y mantén una aguja siempre cerca!!
Cómo salvar a una persona con derrame cerebral, sólo con una aguja.
En primer lugar, deberás estar muy tranquilo para pensar con claridad. Aunque la víctima no se está moviendo, procura no tocarlo pero evitar que sufra algún golpe. Luego, ¡llama inmediatamente a emergencias!
Como el servicio de emergencias puede tardar mucho, existe una maniobra que puedes llevar a cabo para salvar a una persona con derrame cerebral y evitar que muera:
Necesitarás una aguja, puede ser cualquier tipo aunque lo más aconsejable es tomar una jeringa con aguja esterilizada.
Si estás utilizando una aguja común de coser, sostenla y quémala para esterilizarla.
Pincha con ella la parte superior de los 10 dedos. No es necesario una técnica de acupuntura particular, sólo hinca algunos milímetros de la aguja.
Debes observar que la sangre fluya por los pequeños orificios. Si no fluye, no pinches más. Presiona, exprime alrededor y provoca que la sangre salga.
Cuando los 10 dedos sangren, alterarás la presión sanguínea del paciente, el cerebro recibirá un flujo sanguíneo normal y la persona podrá volver en sí. ¡¡¡Acabas de salvar a una persona con derrame cerebral!!!
Probablemente notes que el paciente no puede hablar, gesticular o tiene su boca distorsionada. En ese caso, deberás descomprimir la cabeza:
Masajea sus orejas hasta que se vuelvan completamente rojas.
Pincha con la aguja los lóbulos masajeados y permite que caigan dos gotas de sangre de cada oreja.
La descompresión ayudará a que su rostro vuelva a la normalidad.
Si notas que la víctima se encuentra normal, sin síntomas inusuales y el servicio de emergencia no llega. Cárgala y acude al hospital más cercano. Esta rápida acción también te permitirá salvar a una persona con derrame cerebral y prevenir secuelas.
Esta técnica pertenece a los primeros auxilios de la medicina tradicional china y es 100% efectiva.
Compártela con familiares y amigos para que todos estemos correctamente prevenidos y preparados.
Fuente: http://medicinanatural.com
http://revistasalud.es/como-salvar-a-una-persona-de-un-derrame-cerebral-usando-solo-una-aguja-todos-deberiamos-estar-siempre-preparados-para-cualquier-emergencia-tu-tambien-puedes-salvar-a-una-persona-con-derrame-cerebral/
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miércoles, 12 de octubre de 2016
martes, 11 de octubre de 2016
¿CUÁLES SON LAS ASIGNATURAS MÁS IMPORTANTES PARA TU CEREBRO?
El excesivo interés por ciertas asignaturas y capacidades acarrea la marginación casi sistemática de otras competencias e intereses de los alumnos. Inevitablemente, muchos de ellos desconocen cuáles son sus auténticas capacidades y, en consecuencia, sus vidas pueden ser menos plenas.
Ken Robinson
Lo asumimos. Suena mal. El mundo jerarquizado de las asignaturas que hemos creado los adultos está alejado de las necesidades actuales.
De hecho, una de las grandes diferencias entre las etapas educativas iniciales (Infantil y Primaria) y las etapas superiores (Secundaria y la Universidad) radica en que en las primeras se enseña a los niños, mientras que en las posteriores se enseña asignaturas. Pero sigue predominando en la mayoría de los sistemas educativos, en los que se han considerado prioritarias algunas de ellas y se han relegado a un papel secundario otras muchas. Sin embargo, desde la perspectiva integradora de la neuroeducación en la que consideramos como básico un aprendizaje directamente vinculado al mundo real, significativo, competencial e interdisciplinar, se plantea un enfoque diferente.
Las matemáticas, las ciencias o la lengua no dejan de ser importantes -que lo son- pero comparten protagonismo con otras asignaturas (¿mejor disciplinas?) que no marginarán muchas competencias e intereses de los alumnos, y que facilitarán un mayor aprendizaje, más eficiente y, en definitiva, real. Porque nuestro cerebro necesita, y mucho, la educación socioemocional, la educación física, la educación artística y el juego. A continuación, compartimos con todos los seguidores de Escuela con Cerebro algunas evidencias empíricas que justifican la aplicación de este nuevo paradigma educativo.
Educación socioemocional
Las emociones sí importan
No podemos separar lo cognitivo de lo emocional. Cuando en el laboratorio se muestra a los participantes del experimento imágenes que corresponden a contextos emocionales diferentes, se activan regiones del cerebro concretas. Ante las fotografías que generan emociones positivas se activa el hipocampo y ello posibilita que los participantes puedan memorizar más palabras en ese contexto. Esto sugiere la necesidad de generar en el aula climas emocionales positivos y seguros en los que se asume con naturalidad el error, en donde los alumnos cooperan y son protagonistas activos del aprendizaje o en los que las expectativas, tanto del profesor como del alumno, son siempre positivas. Este es el camino directo para facilitar el aprendizaje en el aula. Junto a esto, los estudios longitudinales confirman los anteriores resultados. En un metaanálisis de varios años de duración en el que participaron más de 270.000 alumnos hasta la etapa preuniversitaria, se compararon 213 escuelas que utilizaban programas de aprendizaje socioemocional con otras que no los utilizaban.
Respecto a los grupos de control, los participantes en los programas socioemocionales impartidos en primaria mostraron mejoras significativas en las habilidades sociales y emocionales, con actitudes más positivas y mayor compromiso escolar a los 18 años de edad. Y no sólo eso, sino que obtuvieron una mejora en el rendimiento académico del 11%, en promedio . Desde la perspectiva neuroeducativa entendemos que la educación ha de ser integral, es decir, no puede limitarse a la adquisición de conocimientos o destrezas, sino que debe orientarse a formar personas. Y en eso consiste la educación emocional, en la adquisición de toda una serie de competencias emocionales que van a capacitar a la persona para la vida, fomentando su bienestar personal y social. Porque cambia y mejora nuestro cerebro.
Pero para que el diseño, la implementación y la evaluación de estos programas de educación emocional sean eficientes se deben cumplir ciertas condiciones. Las más relevantes son las siguientes (Bisquerra et al., 2015):
Basar el programa en un marco conceptual sólido.
Especificar los objetivos del programa en términos evaluables.
Realizar esfuerzos coordinados que impliquen a toda la comunidad educativa.
Asegurar el apoyo del centro.
Impulsar una implantación sistemática a lo largo de varios años.
Emplear técnicas de enseñanza-aprendizaje activas y participativas que promuevan el aprendizaje cooperativo y sean variadas.
Incluir planes de formación y de asesoramiento del personal responsable del programa.
Incluir un plan de evaluación del programa antes, durante y después de su aplicación.
Consideramos especialmente importante que la implementación de estos programas se inicie en las primeras etapas educativas, las cuales tienen una incidencia específica en las funciones ejecutivas del cerebro (control inhibitorio, memoria de trabajo y flexibilidad cognitiva, las básicas). Pero para ello es necesario que el profesor conozca las estrategias adecuadas que permiten optimizar y desarrollar de forma apropiada estas importantes funciones ejecutivas. Y para fomentar un trabajo cooperativo eficiente en el aula es necesario enseñar a los alumnos diversas competencias emocionales básicas, lo cual resulta imposible si el docente no utiliza estas técnicas en su práctica diaria (no solo han de cooperar los alumnos).
Porque el éxito de cualquier programa de educación emocional parte siempre de la formación del profesorado.
Cuando se añaden a este tipo de programas las prácticas contemplativas, como el mindfulness, se mejoran los resultados obtenidos en relación a cuando se utilizan estas técnicas por separado. Por ejemplo, cuando un niño está alterado, decirle que tome conciencia de sus propias emociones puede ser insuficiente; o la simple práctica del mindfulness no garantiza que adquiera las competencias necesarias para resolver conflictos. Sin embargo, cuando se integra el mindfulness en los programas de educación socioemocional, algunas de sus competencias se ven reforzadas: la autoconciencia adopta una nueva profundidad de exploración interior, la gestión emocional fortalece la capacidad para resolver conflictos y la empatía se convierte en la base del altruismo y la compasión (Lantieri y Zakrzewski, 2015).
Y cuando se utilizan este tipo de estrategias, mejora la capacidad atencional (ver figura 3) y la gestión del estrés de los alumnos (Schonert-Reichl et al., 2015), lo cual incide positivamente sobre su rendimiento académico, pero también –y más importante- sobre su bienestar personal. Y eso no se restringe a una etapa educativa concreta. Educación física
Bueno para el corazón, bueno para el cerebro
El ejercicio tiene una incidencia positiva en nuestra salud física, emocional, pero también cognitiva. Ya hace algunos años que se demostraron los beneficios de la actividad física sobre el cerebro de personas de edad avanzada.
Y en los últimos tiempos, también se han realizado investigaciones que muestran su importancia sobre el cerebro de niños y adolescentes. Además de ser un estupendo recurso para combatir el tan temido estrés crónico o mejorar el bienestar, el ejercicio puede beneficiar el funcionamiento de las funciones ejecutivas que tienen una incidencia directa sobre el desarrollo académico y personal del alumnado. Y ello se debe a que durante el ejercicio se liberan toda una serie de moléculas (BDNF o IGF-1, por ejemplo) que intervienen en procesos neuronales básicos, como la plasticidad sináptica, la neurogénesis o la vascularización cerebral (Gómez-Pinilla y Hillman, 2013), junto al incremento del nivel de neurotransmisores imprescindibles para un buen aprendizaje, como la dopamina (motivación), serotonina (estado de ánimo) o noradrenalina (atención), por ejemplo.
Los niños o adolescentes que practican deporte y poseen una mejor capacidad cardiovascular, tienen un hipocampo mayor y, como consecuencia de ello, se desenvuelven mejor en tareas que requieren la memoria explícita (Chaddock et al., 2010; ver figura 4).
Y aquellos alumnos que realizan pruebas académicas relacionadas con la comprensión lectora, la ortografía o la aritmética tras una actividad aeróbica moderada de 20 minutos (caminando o corriendo en la cinta, por ejemplo), obtienen mejores resultados que aquellos que han estado en una situación pasiva en ese intervalo de tiempo (Hillman et al., 2009). Incluso, simples parones de 4 minutos en la actividad académica diaria de niños en educación primaria para realizar una serie de movimientos rápidos son suficientes para optimizar la atención necesaria que requiere la tarea posterior y mejorar el desempeño en la misma. Esto será muy útil para todos los alumnos, en general, pero especialmente para aquellos con TDAH, que tienen mayores dificultades para focalizar la atención durante periodos de tiempo prolongados.
Los síntomas que caracterizan a estos niños con TDAH parecen reducirse cuando pueden moverse y jugar en entornos naturales. Y también se ha comprobado la utilidad de combinar el ejercicio físico con una mayor actividad mental como se da, por ejemplo, en el caso de las artes marciales. Un programa de taekwondo de tres meses de duración mejoró los procesos de autorregulación que posibilitaron mejoras, tanto conductuales como académicas, en los niños que participaron en los mismos (Lakes y Hoyt, 2004).
Las implicaciones educativas de estas investigaciones sugieren la necesidad de dedicar más tiempo a la educación física y no de relegarla a las últimas horas de la jornada escolar, como suele hacerse tradicionalmente. Esto en la práctica se ha comprobado, por ejemplo, con el programa Zero Hour de las escuelas Naperville 203 en Illinois, el cual ha permitido mejorar el bienestar personal de los alumnos y su rendimiento académico general (Ratey y Hagerman, 2010). Y cuando se han aplicado programas de ejercicio físico antes del inicio de la jornada escolar en los que los niños caminan o corren durante 15-20 minutos, mejora su comportamiento, su concentración durante las tareas y su disposición para el aprendizaje en las horas posteriores (Stylianou et al., 2016). Las últimas recomendaciones sobre el tiempo adecuado para optimizar la salud y el rendimiento académico de los alumnos son las siguientes: 150 minutos semanales en primaria y 225, como mínimo, en secundaria (Castelli et al., 2015).
Junto al necesario protagonismo de la educación física, también resulta fundamental enseñar al alumnado la importancia que tienen el sueño y la alimentación sobre el aprendizaje, tanto a corto como a largo plazo.
Educación artística
El arte: una necesidad cerebral
Los niños descubren de forma natural el mundo que les rodea cantando, dibujando, bailando o recreando, todas ellas actividades vinculadas al arte. Y ello es necesario para un adecuado desarrollo sensorial, motor, cognitivo y emocional. Las investigaciones muestran que las diferentes variedades artísticas pueden incidir de forma positiva en el aprendizaje del alumnado.
Así, por ejemplo, existen diversas evidencias empíricas que demuestran que la música (ver figura 6) mejora el rendimiento académico o la lectura, el teatro fortalece las habilidades verbales y las artes visuales pueden beneficiar el razonamiento geométrico (Winner et al., 2014). Pero por encima de estas particularidades, la educación artística resulta necesaria porque nos permite adquirir toda una serie de hábitos mentales y competencias básicas en los tiempos actuales -como la creatividad, cooperación, pensamiento crítico, resolución de problemas o iniciativa- que están en consonancia con la naturaleza social del ser humano y que son imprescindibles para el aprendizaje de cualquier contenido curricular.
Porque al experimentar el arte creado por otros vemos y sentimos el mundo como ellos. ¡Dichosas neuronas espejo!
Figura 6
Sousa y Pilecki (2013) han identificado algunas de las razones por las que las artes constituyen une necesidad para los estudiantes de cualquier etapa educativa: activan el cerebro, hacen la enseñanza más interesante, reducen el estrés, introducen novedad, fomentan la cooperación, promueven la creatividad, mejoran la memoria a largo plazo y favorecen el desarrollo intelectual. Y existen diversos estudios que confirman esto. Por ejemplo, cuando se diseña una unidad didáctica de ciencias en la que los alumnos realizan actividades que incluyen actuaciones teatrales, dibujos de posters, recreación de movimientos o utilización de la música, en consonancia con los objetivos de aprendizaje identificados, mejoran la memoria a largo plazo frente a aquellos que siguen un enfoque tradicional (Hardiman et al., 2014).
Una muestra clara de la necesidad de asumir un enfoque educativo interdisciplinar en el que las diferentes disciplinas se solapan de forma natural y no son independientes. Porque enseñar poesía de Lope de Vega a ritmo de rap, convertir la clase de biología en una galería de arte o pedir a los alumnos de matemáticas que escriban unas estrofas donde relatan los pasos que deben seguir para aplicar un teorema, puede motivar y facilitar el aprendizaje. No podemos pedir a nuestros alumnos que sean creativos si nosotros no hacemos el esfuerzo por serlo. Y más sabiendo que la creatividad no es innata y puede mejorarse con el entrenamiento adecuado.
Figura 7
Los programas de educación artística pueden resultar especialmente beneficiosos para adolescentes que pertenecen a entornos socioeconómicos desfavorecidos.
En un estudio de tres años se permitió elegir a los alumnos entre diferentes formas artísticas como la música, la pintura, la grabación de videos, la escritura de guiones o el diseño de máscaras. Luego profundizaban más en sus elecciones a través de la cooperación y, finalmente, realizaban una recreación teatral o grababan en video su trabajo realizado. Los tres años de aplicación del programa revelaron que los estudiantes mejoraron sus habilidades artísticas y sociales, redujeron sus problemas emocionales y, en general, desarrollaron más que el grupo de control diversas competencias interpersonales como la comunicación, la cooperación o la resolución de conflictos (Wright et al., 2006).
En la práctica, los alumnos desarrollan un pensamiento más profundo y creativo cuando se integran las artes en los contenidos curriculares. Un ejemplo de ello lo representa el programa Artful Thinking desarrollado por el Project Zero de la Universidad de Harvard que utiliza el poder de las imágenes visuales para desarrollar la creatividad y facilitar el aprendizaje. A través de la metáfora de la paleta de un pintor se estimula en los alumnos procesos como el cuestionamiento, la observación, el razonamiento, la indagación o la comparación. Existen también centros como las escuelas A+, en Carolina del Norte, que se han comprometido a enseñar arte todos los días a través de un plan de estudios consensuado que favorece múltiples formas de aprendizaje más cercano a la realidad y en el que interviene toda la comunidad educativa.
Los resultados muestran un incremento de satisfacción entre el alumnado y el profesorado y una mejora del rendimiento académico de los estudiantes. Algo que está en consonancia con el famoso estudio longitudinal dirigido por James Catterall (2009) que duró 12 años y en el que intervinieron 12000 alumnos de las etapas preuniversitarias. Los resultados indicaron que la educación artística tiene una incidencia positiva en el rendimiento académico del alumnado y en el desarrollo de conductas prosociales.
Juego
Juego, me divierto y aprendo
El juego constituye un mecanismo natural arraigado genéticamente que suscita la curiosidad, es placentero y nos permite adquirir toda una serie de competencias básicas para la vida que están en plena consonancia con nuestra naturaleza social. Y, por ello, es necesario para el aprendizaje y constituye un recurso que debe utilizarse a cualquier edad y en cualquier etapa educativa.
En experimentos con ratas -poseen una genética parecida a la nuestra- se ha comprobado que se altera el desarrollo normal del cerebro de las crías cuando se les impide jugar, manifestando en el futuro déficits de comportamiento social y conductas agresivas ante estímulos novedosos. Aunque algunos de los experimentos realizados con ratas, obviamente, no pueden ser replicados en seres humanos, existen indicios que mostrarían que los niños a los que se les impide jugar con normalidad tendrían mayor probabilidad de desarrollar en el futuro problemas de personalidad, impulsividad o una menor capacidad metacognitiva (Iliceto et al., 2015).
El juego es imprescindible para el aprendizaje debido, básicamente, al reto asociado al mismo que nos motiva y al feedback suministrado que nos va aportando información continua sobre cómo vamos progresando. Cuando en el laboratorio se han analizado los cerebros de personas jugando, se ha comprobado que se activa el llamado sistema de recompensa cerebral asociado a la dopamina que despierta nuestra motivación intrínseca y que, en definitiva, nos permite aprender. Pero también, durante el feedback suministrado, se desactiva la red neuronal por defecto y así se facilita que el jugador pueda enfocar la atención hacia los estímulos externos (Howard-Jones et al., 2016;
A raíz de todo lo anterior, se antoja necesario integrar el componente lúdico en el aula. Pero mantener el interés de los alumnos por el juego durante un trimestre o un curso escolar completo constituye un reto mucho mayor que incorporar una actividad lúdica un día aislado. En este caso concreto, hablamos ya de gamificación, la cual convierte la clase en una experiencia de juego, y no consiste en enmascarar con puntos, rankings o avatares lo que siempre hemos hecho. Porque para implementar un diseño educativo gamificado real hemos de identificar los objetivos de aprendizaje (¿por qué queremos gamificar esa experiencia?), crear la narrativa o historia que guiará el proceso (¿cómo participarán los alumnos en la experiencia?, ¿cómo se desarrollará la historia?, etc.) y cómo se integrarán las dinámicas (¿cómo trabajarán los alumnos?, ¿qué tipos de actividades les pediremos?, etc.) y las mecánicas propias del juego (puntos, avatares, rankings, insignias, niveles, etc.) que harán progresar la acción y motivarán e involucrarán al alumno en la historia.
Y en este proceso, las tecnologías digitales constituyen un recurso que puede facilitar enormemente el aprendizaje. La utilización de animaciones (ver figura 11), líneas del tiempo, infografías, murales digitales, screencasts, realidad aumentada, videojuegos… constituye en el fondo una actualización de las prácticas pedagógicas convencionales que puede ser aprovechada para atender la diversidad en el aula. De hecho, en muchas investigaciones en neurociencia se han utilizado programas y aplicaciones informáticas basadas en el juego con la finalidad de mejorar determinados trastornos del aprendizaje o funciones mentales y, en muchos casos, se han llegado a comercializar. Graphogame (dislexia), Number Race (discalculia) o NeuroRacer (memoria de trabajo) son algunos ejemplos conocidos.
Cuando se utilizan este tipo de estrategias en el aula, resulta natural integrar en las mismas metodologías inductivas en las que el profesor propone retos y preguntas que suscitan la curiosidad del alumno, fomentan su autonomía, favorecen el trabajo cooperativo y proporcionan experiencias de aprendizaje vinculadas al mundo real que permiten una mayor interdisciplinariedad.
Algunos ejemplos conocidos son el aprendizaje basado en problemas o proyectos, la enseñanza por medio del estudio y discusión de casos o el aprendizaje por indagación. Y otro buen ejemplo que integra también con naturalidad esta forma de trabajar es el modelo Flipped Clasroom en el que se invierte el proceso tradicional en el aula. En casa, el alumno ve videos cortos, a su propio ritmo, relacionados con los contenidos que se están trabajando y esta información puede consultarla cuando lo desee .
Mientras que el tiempo en el aula se aprovecha para realizar tareas de aprendizaje activo que fomenten la reflexión y la adquisición de hábitos intelectuales como, por ejemplo, resolución de problemas, proyectos cooperativos o prácticas de laboratorio, con lo que el profesor puede ser más sensible a las necesidades particulares y disponer de más tiempo para ello.
Está claro que los nuevos tiempos requieren nuevas necesidades educativas. Nuestro cerebro plástico y social -en continua reorganización- agradece este tipo de retos y así sigue mejorando su funcionamiento y el de los demás.
Jesús C. Guillén
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Referencias:
Bisquerra R., Pérez González J. C. y García E. (2015). Inteligencia emocional en educación. Madrid: Síntesis.
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miércoles, 31 de agosto de 2016
DEMASIADA ACTIVIDAD EN UNA DE LAS REGIONES CLAVE DEL CEREBRO ES MALA PARA LA MEMORIA
MADRID, 24 Ago. (EUROPA PRESS) - Las neuronas en el cerebro interactúan entre sí mediante el envío de mensajes químicos, llamados neurotransmisores. El ácido aminobutírico (GABA) es el principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central y es el responsable de la excitación neuronal, por tanto tiene un papel fundamental para frenar la actividad, y prevenir una sobreactividad y evitar responder a estímulos irrelevantes. Investigadores de la Escuela de Psicología de la Un ...
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viernes, 12 de agosto de 2016
¿EL DEPORTE CAMBIA NUESTRO CEREBRO?
Si eres deportista seguro que en más de una ocasión te has planteado si los niveles de bienestar emocional y físico que el deporte te proporciona se deben a que la actividad física también hace "cosas" con nuestro cerebro.
Pues tenemos buenas noticias, ¡cada vez hay más estudios que así lo muestran!
La neurobióloga norteamericana Wendy Suzuki, tras varias décadas dedicada a comprender cómo funciona el cerebro, pero llevando una vida donde imperaba la inactividad y centrada casi en exclusiva en su faceta laboral, comienza a hacer deporte y a experimentar los cambios que el paso de una vida sedentaria a una vida activa le aportan a su cuerpo.
Esto le lleva a reflexionar sobre si su cerebro también estará cambiando y decide utilizar su posición de profesora de Neurobiología en la Universidad de Nueva York para iniciar una serie de estudios que pudieran mostrar qué pasa en el cerebro cuando haces deporte.
Pero, ¿qué aspectos de las investigaciones previas sobre el cerebro podían hacerle pensar que el deporte le aportaría salud y beneficios?
Pues sobre todo la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad esencial del cerebro para cambiar como si se tratara de un trozo de plástico maleable a través de la experiencia. ¿Y qué tipos de cambios son los que desarrolla el cerebro con la experiencia?
Básicamente, es capaz de formar nuevas conexiones cerebrales que se adapten mejor a los diversos estímulos.
Tú cerebro no deja nunca de "crecer"
Esta información, tan importante para comprender realmente cómo funciona el cerebro y por qué enferma, no se tomó como válida hasta finales de los años 60. Hasta ese momento se pensaba que la neurogénesis, la generación de nuevas neuronas y conexiones, solo se producía durante la infancia y que el cerebro adulto era algo así como una obra terminada.
Lo más curioso de este tópico sobre nuestra "máquina central" es que en el mundo de los no versados sigue estando muy extendido a pesar de que han pasado más de 5 décadas desde que la ciencia dio por cerrada esta concepción.
Teniendo en cuenta el concepto de plasticidad, parece bastante claro que un estímulo como el deporte, capaz de modificar décadas enteras de estilo de vida sedentario en cuestión de meses y de construir cambios corporales y mejoras en la salud increíbles, debe modificar también nuestras estructuras cerebrales.
Wendy había experimentado mejoras en su nivel de concentración y memoria, así como de estado de ánimo, relacionadas con las semanas en las que sus entrenamientos estaban alrededor de las 5 sesiones con respecto a aquellas otras en las que bajaba el ritmo y solo entrenaba 1 o 2 veces por semana. Según Suzuki, ella notaba cómo el ejercicio la hacía más inteligente. Ahora solo quedaba la compleja tarea de encontrar fundamento científico a esta hipótesis personal.
Ponte las zapatillas y… ¡Expande tu cerebro!
El primer problema con el que se encontró Wendy es que los estudios científicos sobre la influencia del ejercicio físico en la mejora de la salud del cerebro en adultos sanos "brillaban por su ausencia". Solo había literatura científica de estudios con roedores que mostraban como el ejercicio físico podía duplicar la neurogénesis, el nacimiento de neuronas nuevas, así como acelerar el proceso de maduración por el que estas neuronas recién generadas alcanzaban su máxima maduración funcional. Otros estudios también demostraron que además aumentaba en los roedores el número de espinas dendríticas de las neuronas, la estructura por donde las neuronas reciben información, al mismo tiempo que crecían muchos más vasos sanguíneos por todo el cerebro. Y lo más sorprendente de todo, algunos estudios también han demostrado que las ratas que hacen ejercicio físico desarrollan mejor una serie de tareas memorísticas.
Otro tipo de estudios se centraban en la tercera edad y su objetivo era evaluar cómo podía ayudar el ejercicio a frenar el desarrollo de dolencias como la demencia senil o el Alzheimer. En estos casos, los datos también eran alentadores, ya que, por ejemplo, uno de estos estudios realizado con personas de más de 65 años mostraba que los individuos que decían hacer ejercicio al menos 3 veces a la semana tenían un 32% menos de posibilidades de desarrollar demencia.
Y lo más positivo de todo esto, otros estudios mostraban que la práctica de ejercicio en edades avanzadas se traducía en una mayor atención y en tiempo de respuesta más cortos, ¡por lo que el ejercicio parece ser un estímulo saludable para el cerebro incluso cuando ya has superado los 60!
Sin embargo, el problema para sacar conclusiones más precisas venía de que no había prácticamente estudios que tomaran como referencia cómo influía el ejercicio físico en el cerebro de adultos jóvenes sanos.
Por eso Wendy Suzuki decide utilizar una de sus clases para comenzar un estudio con sus estudiantes. Para ello practicarían una hora de ejercicio aeróbico, intenSati, una mezcla de kickboxing, yoga, baile y artes marciales que se realiza gritando todo el rato afirmaciones positivas, y después realizarían distintas pruebas de cognición y memorización para evaluar si realmente el ejercicio físico ayudaba en la mejora de estas habilidades. Además, habría un grupo de control que no realizarían ejercicio físico.
Los datos mostraron de nuevo indicios optimistas: el grupo de ejercicio respondía al estímulo correcto bastante más rápido que el de control. Así se podía apreciar que la velocidad de procesamiento mejora con el ejercicio físico. En sus alumnos no se apreció una mejora global de la memoria, pero sí una mejora en el tiempo de reacción. Lo relevante era que se podía observar que con solo una semana de aumento del ejercicio era posible empezar a detectar una mejora en la tarea de codificación memorística.
A falta de los resultados de estudios epidemiológicos más exhaustivos, es mucho lo que indica que el deporte ayuda a que el cerebro esté más sano.
Este artículo está basado en la información aportada por la obra "Cerebro Activo, Vida feliz" de la neurobióloga de la Universidad de Nueva York, Wendy Suzuki, publicado en España por Paidós Transiciones
http://www.sportlife.es/salud/articulo/deporte-cambia-cerebro
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domingo, 19 de junio de 2016
BAILAR PROTEGE EL CEREBRO
Cuando nos introducimos en la pista de baile, nuestro cuerpo intenta sincronizarse al ritmo de la música y nuestro cerebro orquesta todos esos movimientos, ordenando a nuestras articulaciones cuándo y cómo moverse. .Estamos bailando.
Los mecanismos del cerebro
Existen distintos mecanismos neuronales relacionados con el baile: cuando nos movemos, empleamos neuronas y sustancias químicas del cuerpo para controlar los músculos que afectan a las articulaciones, al movimiento y al equilibrio.
El sistema nervioso activa grupos de músculos que trabajan juntos para lograr un amplio rango de movimiento y así demostrar nuestras muchas o pocas dotes como bailarines.
Los movimientos voluntarios, como bailes con una coregografía marcada como una bachata o el tango, se originan en la corteza motora, que está implicada en la planificación, control y ejecución de este movimiento. Las señales procedentes de la corteza motora viajan a través de 20 millones de fibras nerviosas de la médula espinal para que, por ejemplo, la muñeca o el dedo del pie respondan de una manera determinada.
Curiosamente, cuanto más pequeño es el movimiento, más dedicación recibe de la corteza motora, lo que llamamos la corteza somatosensorial, una región media del cerebro responsable del control motor, que también juega un papel clave en la coordinación ojo-mano.
Por otra parte, los ganglios basales, otro grupo de células del cerebro, también se comunican con otras regiones del cerebro para coordinar sin problemas el movimiento.
Así, todo este complejo engranaje del cerebro traduce finalmente las señales neuronales en la lista de baile convirtiendo nuestros movimientos en reales.
Pero, ¿de qué manera afecta el hecho de bailar a nuestro órgano pensante?
Según el neurocientífico y director de la Science Gallery en el King's College London (Reino Unido) Daniel Glaser, bailar mejora la función cerebral a una gran variedad de niveles. Por un lado, nuestra memoria muscular nos permite aprender cómo llevar a cabo un baile sin tener que pensar en los pasos.
Esto sucede porque los movimientos encajan a fondo en el cerebro, creando una especie de taquigrafía entre lo que pensamos y lo que hacemos. Esto es, memorizamos cómo hacer las cosas de una forma tan eficiente que no requieren de un esfuerzo consciente por nuestra parte. Repetir los pasos de baile constantemente nos lleva a tal punto que podemos llevarlos a cabo de forma automática.
Además, a pesar de que la memoria muscular sea incapaz de distinguir cuándo nos equivocamos al hacer un paso y cuándo no, algunos estudios han planteado que las endorfinas que se liberan tras realizar un movimiento correcto en el baile, hacen que el cerebro almacene como forma adecuada tal movimiento; un proceso que reconfigura continuamente las vías neuronales del cerebro.
Las células de memoria muscular pueden activarse con cualquier actividad.
Las evidencias científicas sugieren que los cambios que, por ende, pueden producirse en nuestra materia gris, pueden conducir, a su vez, a modificaciones en nuestras capacidades. Bailar integra varias funciones del cerebro implicadas en la cinestesia, al seguir el ritmo y vivir la emoción positiva mientras bailamos; todas ellas aumentan la conectividad de nuestro cerebro.
Según una investigación publicada en la revista New England Journal of Medicine, bailar puede prevenir además las enfermedades neurodegenerativas y aumentar la agudeza mental a todas las edades.
Practicar baile o actividad similares, puede reducir drásticamente la aparición de la demencia y la enfermedad de Alzheimer. Y es que el baile obliga al cerebro a recolocar regularmente sus vías nerviosas, especialmente en las regiones que implican la función ejecutiva, la memoria a largo plazo y el reconocimiento espacial.
http://www.muyinteresante.es/salud/articulo/bailar-protege-el-cerebro-141460111759
domingo, 18 de octubre de 2015
jueves, 23 de julio de 2015
EJERCICIOS QUE AYUDAN A TENER EL CEREBRO MÁS JÓVEN
La actividad física y aeróbica ofrece beneficios directos en las propiedades del cerebro, pero hay ciertos deportes que impulsan la ejecución de funciones y los tiempos de reacción de las personas. Entérate de cuáles son.
Cuerpo sano, mente sana. Esta podría ser la versión del siglo XXI de la cita extraída de las Sátiras de Juvenal en la que se implicaba que para tener un cuerpo equilibrado había que lograr primero un espíritu sano a través de la oración. El nuevo orden de la cita estaría respaldado por las investigaciones científicas que han comprobado los beneficios que le ofrece al cerebro tener un cuerpo sano a través de la actividad física.
"Hace varias décadas que se ha estado acumulando la evidencia científica que indica los beneficios de la actividad física, tanto aeróbica como de fuerza (o resistencia), en la función cognitiva, tiempo de reacción y memoria, entre otras propiedades", explicó a el doctor César Kalazich, especialista en medicina deportiva de Clínica MEDS, en Chile.
Si bien las investigaciones apuntan a cualquier actividad física, incluso caminar, hay evidencia que no todas contribuyen de igual manera ni generan los mismos efectos.
El caso de la esgrima
Una investigación, publicada en 2012 por la Universidad de los estudios de Roma "Foro Itálico", comprobó que los deportes que requieren tomar decisiones en fracciones de segundos mejora la función cognitiva tanto en la gente joven como la de mayor edad, lo que permite reducir los problemas asociados con el envejecimiento.
El estudio partió de la base que aquellas actividades en la que los participantes deben moverse constantemente y adaptarse rápidamente a los cambios que van ocurriendo, como la esgrima, pueden contrarrestar los efectos relacionados con el paso de los años, como problemas de aprendizaje, de la memoria y tiempos de reacción.
"Allí se menciona lo efectivo que es este tipo de disciplina en la ejecución de funciones y los tiempos de reacción en sujetos de edad mediana (55-65 años) comparado con otro tipo de ejercicio y con personas sedentarias", comentó el doctor Kalazich.
Para diferenciar los deportes, los investigadores establecieron dos categorías: abiertos y cerrados. "Los deportes considerados de habilidades abiertos -donde la toma de decisiones rápidas, reacciones instantáneas, de precisión en velocidad son la premisa-, serían, por ejemplo, fútbol, basquetbol, voleibol, esgrima, tenis de mesa, hockey, etc.".
"Los otros, de habilidades cerradas (repetición de movimientos, ritmo estable, etc.) serían carreras de fondo, ciclismo, boliche y patinaje, entre otros", explicó el especialista en medicina deportiva.
Combinación
Uno de los líderes de la investigación, Francesco Di Russo, le contó al periódico The Washington Post que deportes como la esgrima requieren de la toma rápida de decisiones y demandan un alto grado de atención visual y flexibilidad. "Quisimos ver si el deporte ayudaría a mantener el cerebro rápido y efectivo, reduciendo el envejecimiento cognitivo", expresó Di Russo.
Para el doctor Kalazich es posible que exista una combinación de elementos porque también se "ha visto que estimular el cerebro con lectura o juegos de ingenio tiene similares efectos. Entonces habría una suma de la estimulación cerebral/intelectual del deporte específico de habilidades abiertas asociado a los beneficios que provoca el ejercicio per se".
Desde temprano
El consenso entre los especialistas de medicina deportiva es que la actividad física ofrece beneficios a cualquier edad y recomiendan que más vale comenzar tarde que nunca. "Se ha visto que pacientes ancianos mejoran parámetros como memoria, capacidad de reacción y capacidad cognitiva a los pocos meses (de 3 a 6 meses) luego de un régimen de ejercicios guiados", destacó Kalazich.
Sin embargo, aclara, es evidente que los beneficios aumentan si se comienza desde temprana edad. "Lo ideal del ejercicio es comenzarlo en la niñez para que tenga influencia en la plasticidad cerebral y el aprendizaje de habilidades de coordinación y capacidad aérobica y fuerza".
"Un concepto bien interesante y en estudio cada vez más intenso es la plasticidad neural, que es muy importante para el crecimiento y el aprendizaje en los niños y adolescentes", agregó el especialista de la Clínica MEDS.
"Ésta no se perdería en la adultez, sino que se puede estimular significativamente con el ejercicio mencionado". Kalazich considera que el estudio de la Universidad en Italia ofrece un punto de partida sobre qué tipo de ejercicios y en qué dosis son los más adecuados para las distintas edades y capacidades, pero "que aún queda mucho por investigar".
http://www.invdes.com.mx/ciencia-mobil/7194-ejercicios-que-ayudan-a-tener-un-cerebro-mas-joven
Fuente: BBC Mundo
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domingo, 9 de noviembre de 2014
lunes, 22 de septiembre de 2014
EL CEREBRO HUMANO SE UTILIZA AL 100% PARA REALIZAR PRÁCTICAMENTE CUALQUIER ACTIVIDAD
El cerebro humano se utiliza al 100% para realizar prácticamente cualquier actividad
Directorio: Cultura Sociedad Neurología España
Lucy
Foto: UNIVERSAL
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MADRID, 22 Ago. (EUROPA PRESS) -
El ser humano utiliza prácticamente el 100 por cien del cerebro para realizar cualquier actividad, según los neurólogos, lo que desmonta por completo el argumento de la película 'Lucy', que se estrena hoy en España, y la convierte en mera ciencia ficción.
De hecho, es un mito que el ser humano únicamente utiliza el 10 por ciento de su cerebro, según explica a Europa Press el director del área de Cultura de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Jesús Porta. "Es un mito que difundió Albert Einstein en el siglo XIX facilitando la incultura popular", asegura.
Por tanto, la película 'Lucy' se basa en una premisa incorrecta porque "en las pruebas de imagen funcional que se hacen a los pacientes se ve que se activa todo el cerebro", asegura el doctor Porta.
Desde el punto de vista evolutivo, este mito no tiene cabida ya que si de verdad no se utilizara el restante 90 por ciento del cerebro, no tendría sentido su existencia.
Por lo tanto, el argumento de 'Lucy' que se basa en que si el cerebro se utilizara al 100 por cien, el ser humano desarrollaría una serie de capacidades que en la actualidad no tiene, es pura ficción. "El ser humano no tiene capacidades telepáticas ni telequinéticas ni lo va a tener nunca, ni falta que le hace porque para eso tenemos el mando a distancia", señala con humor el doctor.
Además, esta evidencia se puede constatar en pruebas que se han hecho a pacientes ya que por ejemplo "en una persona que tiene Parkinson, la sustancia nigra que se degenera es un 2 por ciento del cerebro", afirma Jesús Porta. De la misma forma, un paciente con Alzheimer "tiene el 90 por ciento de su cerebro perfecto", añade el doctor.
http://www.infosalus.com/salud-bienestar/noticia-cerebro-humano-utiliza-100-realizar-practicamente-cualquier-actividad-20140822142223.html
DIEZ FALSOS MITOS SOBRE EL CEREBRO
1 Que la realidad no estropee un buen titular
El cerebro despierta un gran interés y sobre él circulan falsos mitos resistentes a la "extinción"
Dicen los psicólogos que desmentir algo es mucho más difícil que creerlo, incluso aportando pruebas. Con algunas informaciones sobre el cerebro pasa algo parecido. Existen creencias erróneas que se perpetúan en el tiempo, a pesar de que en la actualidad hay pruebas suficientes para refutarlas. Algunos libros se basan en esos mitos, con gran éxito de ventas.
Un ejemplo, "The master and his emissary" (El amo y su emisario), publicado en Estados Unidos en 2009, difundía la idea de que los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro humano tienen "personalidades" opuestas, y han estado en guerra desde la época de Platón. En esa pugna se basaba también un divertido anuncio de cerveza. Evidentemente, algunos se niegan a que la realidad les estropee un buen titular.
A la cabeza del top ten de falsos mitos está la creencia de que sólo utilizamos el 10% del cerebro. Esta idea ha sido llevada al cine con gran éxito por Luc Besson en su última película: "Lucy". Pero no son los únicos mitos sobre el cerebro...
2 ¿Sólo usamos el 10% del cerebro?
El tramaño del cerebro se ha triplicado desde el paleolítico, un dato incompatible el famoso 10%
Empecemos con un chiste: "El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a funcionar por la mañana y no para hasta que uno llega al trabajo". Lo escribió el poeta Robert Frost y lo citaban en Investigación y Ciencia, en 2009, Scott Lilienfeld y Hal Arkowitz, psicólogos de las Universidades de Emory y Arizona, respectivamente. Precisamente trataban de desmitificar algunas de las creencias erróneas más extendidas sobre nuestro órgano rector.
Situada en el top ten de falsas creencias está la idea de que sólo utilizamos el 10% de nuestro cerebro.
Y podría tener su origen, paradójicamente, en algo que escribió William James, considerado el padre de la Psicología en Estados Unidos, y una de las figuras más influyentes en esta disciplica en todo el mundo. Sus aportaciones fueron decisivas para la transformación de la psicología en una ciencia moderna.
James escribió que la mayoría de las personas solo sacan partido de una pequeña parte de su potencial intelectual. Pero varios autores de masas tergiversaron sus palabras. Uno de ellos fue Lowell Thomas, que en 1936 prologó el best seller "Cómo ganar amigos e influir sobre las personas", donde se decía que solo utilizamos un 10% del cerebro, explican Lilienfeld y Arkowitz.
A principios del siglo pasado había algunos estudios que sugerían que una gran parte de la corteza cerebral permanecía "silenciosa". El avance de las técnicas utilizadas en Neurociencia acabó con esa idea: Esa gran parte silenciosa era lo que hoy se conoce como cortezas de asociación, que juegan un papel esencial en la integración de las percepciones procedentes de distintos sentidos, las emociones y los pensamientos.
Pero quizás las pruebas más concluyentes sean las de neuroimagen, pues como suele decirse valen más que mil palabras: Ninguna zona del cerebro permanece inactiva, ni siquiera mientras dormimos, cuando se observa el cerebro.
Otra prueba en contra. A diferencia de lo que a principios del siglo pasado se creía, no existen zonas del cerebro donde una lesión no acarree ninguna secuela. En la película “A propósito de Henry“, el protagonista, interpretado por Harrinson Ford, recibe un balazo en la frente. La zona más “apropiada” para que se aloje una bala con el mínimo daño, según sostienen los médicos que le atienden. Sin embargo, como sabrán quienes vieron la película, a pesar de todo, Henry debe aprender desde cero tareas tan simples como atarse el cordón de los zapatos.
Un tercer dato en contra: nuestro cerebro, con su kilo y medio, supone aproximadamente un 2% del peso corporal. Sin embargo, consume el 20% -la quinta parte- de la energía de todo el organismo. Mantener el 90% de sus células inactivas sería un coste desmesurado desde el punto de vista evolutivo. En la evolución prima la economía.
En los últimos diez años, la neurociencia ha avanzado más que en los veinte siglos previos. En la actualidad, existen mapas bastante completos del cerebro y en ninguno de ellos aparecen zonas a las que no se atribuya ninguna función.
Por cierto, el 90% que según este falso mito dejamos de utilizar tampoco nos haría tan inteligentes y capaces. En realidad, se ha demostrado que las personas más inteligentes tienen una actividad cerebral por debajo de la media. Lo que sugiere que sus circuitos cerebrales son más eficientes. A veces, menos es más.
3 Dos cerebros en uno
Muchos libros de autoayuda aconsejan potenciar el lado creativo del cerebro
En el puesto número 2 de los mitos más extendidos sobre el cerebro: hemisferio izquierdo lógico y analítico vs hemisferio derecho creativo. Un popular anuncio de cervezas lo utilizaba, aunque con un ligero cambio. "Todo el mundo piensa que el cerebro se divide en derecho e izquierdo. Pero es mentira. Se divide en Norte y Sur. Tu parte norte te lleva al trabajo todos los días, pero es tu parte sur la que dice: nos tomamos una caña después?". ¿Lo recuerdan? Y terminaba coreando un estribillo: todos necesitamos un poco de sur para poder ver el norte...
Muchos libros de divulgación se han basado también en esta supuesta pugna, asociando al hemisferio izquierdo el pensamiento racional y el intuitivo al derecho.
En la mayoría de las personas el hemisferio dominante sería el izquierdo y habría que tender a desarrollar más las capacidades atribuidas al derecho. "Esta dicotomía es falsa por simplista" señalan Lilienfeld y Arkowitz. "Según esta falsa idea, las personas con habilidad verbal no deberían gozar de talento artístico, pero las investigaciones indican lo contrario. Es más, los estudios neurológicos sugieren que ambos hemisferios trabajan de forma estrechamente coordinada".
Como todo mito, esta creencia se basa en algunos hechos reales. En este caso, que ambos hemisferios son diferentes. El izquierdo está especializado en el lenguaje y el derecho en habilidades visuales. Pero estas diferencias son relativas, ya que el hemisferio derecho es fundamental en la interpretación de la entonación con que hablamos, que puede dar a una misma palabra distintos significados, por ejemplo.
Los trabajos de Roger Sperry (Nobel de Medicina en en 1981) y Michael Gazzaniga con pacientes que tenían los dos hemisferios cerebrales desconectados, han contribuido a la supervivencia del mito. En esas personas se había seccionado el cuerpo calloso, masa de fibras nerviosas que comunica ambos hemisferios, para combatir la epilepsia. Pero en la mayoría de la gente ambos hemisferios están conectados por esta importante "autopista neuronal" e interactúan constantemente.
4 ¿El tamaño del cerebro determina la inteligencia?
Las conexiones del cerebro serían más importantes que el tamaño para determinar la inteligencia
Nuestro cerebro ha ido creciendo a lo largo de la evolución, triplicando su volumen desde el Plioceno. De los 550 cm cúbicos de los australopitecus hemos pasado a los 1.345 que como media tenemos en la actualidad. No han faltado especulaciones a cerca de si el tamaño importa en nuestra especie cuando se trata de inteligencia. ¿A cerebros más grandes, mayor inteligencia?
Javier de Felipe, investigador el Instituto Cajal-Csic y la Universidad Polítécnica de Madrid, que lidera el proyecto Cerebro Humano en España, se ha interesado por esta cuestión. En un artículo publicado en Frontiers of Neuroanatomy, explica que en el siglo XIX y principios del XX se hicieron estudios para averiguar si las personas con capacidades intelectuales excepcionales tenían cerebros diferentes en tamaño o forma.
En particular, un neurocientífico sueco, Gustav Magnus Retzius (1842-1919) propuso a sus colegas que donaran sus cerebros para la investigación. La sociedad Antropométrica Americana también llevó a cabo una iniciativa parecida, con más exito, reuniendo los cerebros de personalidades de todos los ámbitos: ciencia, artes, política, músicos y literatos.
Con los cerebros recogidos en iniciativas de este tipo se puede hacer un top-ten. En el número aparece Lord Byron, cuyo cerebro pesaba 2 kilos y trescientos gramos. Muy por encima de los 1,345 gramos de media. Esto podría llevar a pensar que el tamaño sí importa, si no fuera porque en el otro extremo de la lista se encontraban personas como Anatole France (1844-1924), Nobel de literatura en 1921, cuyo cerebro pesaba poco más de un kilo. Igual le ocurría al cerebro de Francis Gall, fundador de la frenología, una disciplina que sostenía que podía determinarse el carácter y los rasgos de la personalidad por la forma del cráneo.
Aunque el récord de cerebro pequeño lo tiene Daniel Lyons, que murió con 41 años en 1907. No sobresalía por nada en concreto y su inteligencia estaba dentro de lo normal. Pero su cerebro pesaba solo 680 gramos. Casi la mitad de la media.
Según explica De Felipe, las diferencias en inteligencia entre las personas no están determinadas por el tamaño de su cerebro sino posiblemente por el patrón de conexiones entre sus neuronas. Y este patrón dependería en parte de la genética, pero también, y muy importante, de las experiencias de cada uno.
5 El cerebro está inactivo mientras dormimos
Durante el sueño se llevan a cabo tareas de mantenimiento y limpieza
El cerebro nunca descansa. Incluso cuando dormimos está trabajando también. Durante el sueño se sintetizan hormonas esenciales para el organismo. Uno de los últimos descubimientos, de octubre del año pasado: Cada noche experimentamos literalmente un auténtico “lavado de cerebro”, una operación de limpieza indispensable para estar bien despiertos y funcionar a pleno rendimiento al día siguiente.
Lo descubrió un equipo de investigadores de la Universidad de Rochester y se publicó en «Science». Cuando caemos en brazos de Morfeo las células de nuestro cerebro se «encogen» y dejan mayor espacio libre entre ellas para que el líquido cefalorráquideo (LCR) encargado de la limpieza pueda fluir con mayor facilidad a través del tejido cerebral. A su paso este fluido arrastra todas las sustancias de desecho que las células del cerebro (neuronas y glía) han generado durante el día.
6 ¿Escuchar a Morzart nos hace más inteligentes?
El efecto mozart sostiene que la música de este compositor ayuda a desarrollar la inteligencia
El efecto Mozart tiene su origen un polémico artículo publicado en "Nature" en 1993, sobre la influencia de la música de este compositor en la ejecución de tareas espaciales . La psicóloga Frances Rauscher y su equipo, de la Universidad de California en Irvine, afirmaban que las personas desempeñan mejor pruebas espaciales, como el reconocimiento de patrones, o doblar un papel después de escuchar a la "Sonata para dos pianos en Re Mayor" de Mozart (KV448) durante 10 minutos.
Con el aval de prestigiosa revista, lo que después se denominó "efecto Mozart" creció como una bola de nieve y se convirtió en un importante filón para algunas academias de música. Pero en Ciencia, para dar algo por bueno, incluso cuando se publica en revistas de reconocido prestigio, ha de reproducirse por otros grupos de investigación independientes.
Y lo cierto es que la supuesta superioridad obtenida en el test espacfial por quienes habían escuchado a Mozart era muy discreta, referida unicametne a tareas espaciales, temporal (unos pocos minutos) y no permitía concluir que potenciara la inteligencia.
A diferencia de la escucha pasiva de música, la educación musical formal sí parece tener efectos positivos más permanentes, según algunos estudios. Incluso uno o dos años de formación musical produce una mejora de de la memoria, la atención y el control ejecutivo. El motivo: las habilidades motoras y auditivas necesarias para tocar un instrumento, en especial en grupo, ponen en juego la atención, la memoria y la capacidad de inhibir otras acciones. El mero hecho de escuchar música pasivamente (el "efecto Mozart") no produce los mismos cambios en la atención y la memoria.
7 El cerebro funciona como un ordenador
Ningún ordenador puede compararse al cerebro humano
La analogía cerebro-ordenador surgió con la Psicología Cognitiva. Pero esta comparación tiene sus límites. Tanto la mente como el ordenador son sistemas de procecamiento que codifican, retienen y operan con símbolos y representaciones. Pero la forma de procesamiento es distinta. Ningún ordenador es tan eficiente y polifacético como el cerebro humano, y con tan poca demanda de energía.
Un ordenador es un producto terminado, que en pocos años se queda obsoleto. Por el contrario nuestro cerebro está en constante cambio desde el primer minuto de nuestra vida hasta el último, en función de nuestras experiencias.
El ordenador tiene un sistema operativo, mientras que el cerebro operaría con subsistemas que activa y desactiva en función de sus necesidades, algo que hoy no puede hacer un ordenador. Las conexiones entre neuronas son plásticas y se modifican en función de las demandas del ambiente. Como explicaba a ABC Rafael Yuste, uno de los principales impulsores del proyecto Brain de Obama, una de las teorías más interesantes es la posibilidad de que el cerebro funcione como una computadora líquida, que esté siempre cambiando, a diferencia de las que tenemos en casa.
8 Cerebro de hombre, cerebro de mujer
Los estudios de neuroimagen encuentran diferencias. Pero ¿sus conclusiones son fiables?
A casi todos nos gusta especular o incluso hacer chistes sobre las diferencias entre el cerebro de hombres y mujeres. De hecho hay muchos libros de gran éxito sobre estas diferencias. “Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus”, o “Por qué los hombres no escuchan y las mujeres no saben leer mapas” son dos populares ejemplos. Pero qué hay de realidad y qué de ficción.
Las pruebas de neuroimagen aportan pruebas al respecto. El hecho de que utilicen costosos y complejos aparatos que toman “fotografías” del cerebro puede hacer que sus resultados parezcan más reales, fiables e impactantes que los clásicos estudios de comportamiento. Como resultado, la evidencia sustancial de similitud entre géneros, o la sensibilidad de las diferencias de género al contexto, puede quedar eclipsadas por un solo hallazgo.
"Se requiere una buena dosis de escepticismo cuando se trata de estudios sobre las diferencias en el cerebro de hombres y mujeres y lo que éstas significan", advierte Cordelia Fine, de la Universidad de Macquarie en Australia, que comenzó a interesarse por el tema mientras leía un libro que aconsejaba, basándose en las diferencias en el cerebro de chicos y chicas, métodos de enseñanza diferentes. Como académica, sintió curiosidad por las evidencias científicas que justificaban tales afirmaciones y fue a los estudios originales.
Y lo que encontró fue que “había enormes discrepancias entre lo que los estudios de neuroimagen mostraban y las conclusiones y afirmaciones que se extraían de ellos", advierte Fine. Para empezar, la menudo se llevan a cabo con un pequeño número de hombres y mujeres, y las diferencias observadas podrían haber sido debidas al azar. Sin embargo, se encuentran diferencias “estadísticamente significativas” entre los dos grupos, incluso si no hay ninguna diferencia real entre hombres y mujeres en general.
Un estudio con una veintena de participantes que encuentra una pequeña región con aparentes diferencias entre hombres y mujeres no es la última palabra sobre el tema, enfatiza. Pero estas diferencias, a menudo cuestionables y sutiles, se apoderaron rápidamente de los escritores populares, señala, y encuentran fácilmente un hueco en los medios de comunicación.
Otro problema consiste en cómo interpretar esas diferencias. Los neurocientíficos están apenas empezando a entender cómo la actividad neuronal provoca fenómenos psicológicos complejos. La tentación, a la que los escritores populares son particularmente vulnerables, es el uso de los estereotipos de género para salvar esa brecha en el conocimiento científico, explica Fine, que esta empeñada en que las afirmaciones sobre las diferencias en los cerebros masculinos y femeninos no refuercen los anticuados estereotipos de género.
9 Al envejecer perdemos muchas neuronas
Las neuronas son la base de la memoria. En un envejecimiento saludable, no se reduce mucho el número
En un envejecimiento saludable no se pierden muchas neuronas, sostienen los expertos. Al examinar el cerebro de personas centenarias sin ninguna enfermedad neurodegenerativa, se observa que el número de células es similar al esperado en personas de 60 años. Sin embargo, puede disminuir el número de conexiones, o sinapsis.
El examen microscópico de la corteza cerebral de personas fallecidas con diversos niveles de educación muestra que las neuronas de quienes han tenido acceso a un mayor nivel educativo tienen una mayor ramificación en sus dendritas y un mayor número de conexiones (sinapsis) con otras neuronas para intercambiar información y mantener el cerebro activo.
Para evitarlo, es importante mantener el cerebro activo desde la infancia a la vejez. En este órgano, lo que no se usa se pierde. Cuestión de economía, impuesta por su alta demanda energética: el 20% de la requerida por todo el organismo.
10 ¿Cerebro estático o cambiante?
¿Lo genes lo determinan todo?
Gran parte de lo que somos está determinado antes de nacer, sostiene Dick Swaab en "Somos nuestro cerebro", un libro que ha vendido más de 400.00 ejemplares en su país y que en febrero pasado se puso a la venta en España. Según el neurólogo holandés, inclsuo la inteligencia dependería en más de 80% de la herencia genética.
Los útlimos estudios ponen incluso en jaque esa dependencia genética. El ambiente en que crecemos, lo que comemos, las experiencias que tenemos... dejan huella en nuestro material genético, que lejos de ser estático se modifica en tiempo real, mediante marcas epigenéticas.
Estas marcas epigenéticas son como notas escritas en el margen de nuestro libro genético de instrucciones. Y son las que hacen que dos hermanos gemelos, aun teniendo copias idénticas de ADN, se vayan diferenciando más a medida que crecen. Incluso sus enfermedades pueden ser diferentes: el riesgo de que un gemelo desarrolle esquizofrenia cuando la padece su hermano es del 50%...
Este cambio de visión de material genético inalterable salvo por mutaciones tiene su equivalente también en el cerebro. Una de las caracterísitas más apasionantes de este órgano es su gran capacidad de cambio, o plasticidad. Este término fue utilizado por primera vez por el psicólogo William James en referencia a lo adaptable de nuestro comportamiento en diversas circunstancias.
Santiago Ramón y Cajal, adelantado a su tiempo, intuyó que esas modificaciones deberían tener un correlato neuroanatómico. Sin embargo, su acertada intuición cayó en el olvido y se aceptó que el sistema nerviso adulto, una vez concluido su desarrollo, sufría pocos cambios.
Pero en las últimas décadas se han acumulado cada vez más evidencias de que el sistema nervioso es mucho más plástico de lo que se pensaba: "Se admite hoy que las redes neuronales que lo componen permanecen plásticas, modificables, a lo largo del curso entero de la vida. Dicha plasticidad constituye una de sus adaptaciones más importantes. Englobado bajo la denominación de plasticidad neural (neuronas más céluas de glía) el concepto está plenamente aceptado", explicaba en 2003 en Investigación y Ciencia Manuel Nieto Sampedro, del Instituto Cajal-Csic.
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