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martes, 20 de mayo de 2014

DIETAS MILAGRO Y CUENTOS DE HADAS:PARECIDOS RAZONABLES

Las fórmulas mágicas para adelgazar cautivan a millones de personas. Como los cuentos infantiles, tienen el enorme poder de ilusionar. Entusiasman, maravillan. Ofrecen finales felices, cambios inmediatos y conquistas duraderas. Las dietas milagro son cuentos también. Se dirigen a un público adulto, pero ávido de magia y crédulo, como los niños. Operan sobre el resorte de la fantasía, la imaginación y el deseo, y es allí donde le ganan el pulso a los datos, las investigaciones científicas o las recomendaciones nutricionales que se apoyan en el rigor. ¿Qué otras similitudes existen entre unas tramas y otras? El siguiente artículo analiza las numerosas semejanzas entre las dietas milagrosas y los cuentos de hadas. Dietas milagrosas: magia y fantasía que cautiva ¿Por qué triunfan las dietas milagrosas? ¿Cuál es el secreto de su éxito? 

Por alguna razón, millones de personas caen en ellas cada año, las siguen a rajatabla y obedecen sus consejos. Incluso quienes han leído sobre sus riesgos y saben que están desaconsejadas acaban probándolas alguna vez. "No pierdo nada por intentarlo", pensarán, aunque en el fondo sepan -o intuyan- que están poniendo en riesgo su salud y haciéndole daño al bolsillo. ¿Qué provoca que una dieta milagrosa obnubile a tanta gente? Su parecido con los cuentos infantiles podría explicar esta fascinación. La mayor parte de los adultos saben que no hay varitas mágicas; sin embargo, el resto del relato es tan real, tan verosímil, que cuando menos, despierta al dragón de la duda. "Había una vez una inocente niña llamada Willendorf, que se perdió en un bosque. 

Pese a que estaba hambrienta, no se atrevía a comer las manzanas de los árboles, ya que su madrastra le había dicho que la fruta contenía mucho azúcar. Pasó cerca de una casita de chocolate, de la que sí comió hasta hartarse, pues en aquellos días un trovador de su pueblo entonaba el siguiente verso: 'estudio confirma que el chocolate no engorda'. Sin embargo, Willendorf, tras meses sin moverse de la casa y sin dejar de comer tejas de chocolate, engordó y engordó hasta enfermar. Entonces se dijo: 'Será cosa de la genética, buscaré un hada para solucionarlo'. Pero, cuando se disponía a buscarla, un mezquino brujo, disfrazado de médico, se cruzó en su camino y le susurró: 'Si me sigues, te enseñaré una pócima con la que perderás peso rápidamente, para siempre y sin esfuerzo'. 

Y Willendorf le siguió". Este modesto relato sirve para darse cuenta de que los cuentos de hadas y las dietas milagro tienen muchas cosas en común. Las manzanas siempre están envenenadas La madrastra de Willendorf le hace creer que comer manzanas engorda. Y es que quizá la manía que tienen tantos falsos gurús de clasificar las frutas dentro de los alimentos a limitar o a "disociar" venga de relatos como el de Adán y Eva -o de las muchas versiones del cuento de Blancanieves, en el que un mordisco a una manzana envenenada basta para mandarla al otro barrio-. Sea como fuere, el consenso español de prevención y tratamiento de la obesidad no da la razón a la madrastra de nuestro cuento, al afirmar que la prevención dietética del aumento de peso sí puede modularse mediante dietas con un alto contenido de fruta y hortalizas. Es un mito que las frutas engordan. 

 No todos los personajes que parecen buenos lo son En el relato anterior, un trovador (que no un experto en dietética) da un consejo nutricional sin base científica a nuestra frágil Willendorf. Además, el malvado brujo se disfraza de médico para embaucarla y endosarle una dieta milagro. Nada distinto a lo que sucede en muchos cuentos infantiles. Así, el "honrado Juan" en el cuento de Pinocho, no es más que un zorro infame que quiere sacar dinero a costa del muñeco de madera; la ancianita que ofrece una manzana a Blancanieves es en realidad la malvada madrastra; la blanca pata que asoma por debajo de la puerta de la casa de las 7 cabritas no es la de mamá cabra, sino la del lobo que se la ha teñido de blanco con harina, etc. 

En el terreno de las dietas, de hecho, es tan alta la posibilidad de que nos engañen, que la legislación española prohíbe los testimonios de profesionales sanitarios, de personas famosas o conocidas por el público o de pacientes reales o supuestos, como medio de inducción al consumo de cualquier método con pretendida finalidad sanitaria. 

Pócimas y hechizos dietéticos: soluciones al instante 

Si creemos en los hechizos, damos pie a la existencia de hechiceros. Creer que existe un método que nos permite perder peso de forma rápida y sin esfuerzo nos conduce, tarde o temprano, a caer en la trampa de un malvado brujo como el del relato que encabeza este texto.

El la película 'La Sirenita', Ariel entrega su voz a la bruja Úrsula con tal de que le dé una oportunidad de conquistar a su amado príncipe. Sirve de ejemplo para entender que el precio que hay que pagar por seguir una dieta milagro (como el efecto yoyó) siempre es muy elevado, si lo comparamos con los beneficios que obtenemos. Las pócimas mágicas no existen. Los alimentos quemagrasas tampoco. 

 La solución siempre está fuera, no dentro 

 Las personas con un locus de control interno (la palabra latina "locus" significa "lugar") piensan que lo relacionado con su salud tiene que ver, en mayor o menor medida, con sus propias acciones o decisiones, es decir, en el "interior". Valoran su propia responsabilidad e intentan mejorar sus habilidades y conocimientos. Sin embargo, las personas con un locus de control externo, delegan el control de su salud y piensan que esta depende de profesionales sanitarios, de otras personas o del azar. 

En nuestro relato, Willendorf dice para sí: "Será cosa de la genética, buscaré un hada para solucionarlo". Y no cae en la cuenta de que la ausencia de fruta unida al sedentarismo y al exceso de calorías están, en gran medida, en la base de su aumento de peso. En varios cuentos sucede algo similar. Es el acaudalado príncipe el que debe rescatar, con un beso, a la bella durmiente, que espera aletargada. La Cenicienta, en vez de huir o de enfrentarse a su madrastra y a sus hermanastras, canta a la espera de que otro príncipe la saque de sus penurias. Muchas personas están hoy a la espera de un milagro "quemagrasas", cuando ese milagro tiene otros apellidos, tales como "esfuerzo", "constancia", "estilo de vida" y, por supuesto, "asesoramiento sanitario". 

Finales felices que duran para siempre 

De igual manera que rasurarse con una maquinilla de afeitar no es quitarse los pelos para siempre, perder peso en poco tiempo no significa que la pérdida se vaya a mantener en el tiempo. Cuando alguien nos dice que ha perdido peso, como cuando leemos que "comieron perdices", debemos preguntarnos si estamos ante el "final feliz" o si pasa algo más después. ¿Seguro que Bella vivirá feliz con Bestia, ahora que se ha convertido en un príncipe? ¿Cómo organizan la casa Cenicienta y su amado, ahora que viven bajo el mismo techo? ¿La ex bella durmiente podría tener problemas de insomnio? ¿No será poco nutritivo comer perdices a diario? Ironías aparte, es importante tener en cuenta que mantener el peso corporal, como el amor, es una mezcla delicada de compromiso, renuncias, placeres y esfuerzos. 

Las relaciones de pareja reales implican una construcción constante, convicción y un papel activo de ambas partes. Mantener un peso saludable requiere constancia y un estilo de vida también saludable y activo, donde la dieta sea fuente de placer, en lugar de sufrimiento. Los "para siempre y sin esfuerzos" pertenecen al terreno de la magia y de la fantasía, no de la realidad. Los cuentos de hadas competen a la imaginación y están bien para soñar, pero no están indicados para tomar decisiones serias sobre la salud. Por eso los encontramos en la estantería de "ficción infantil", y no en las bibliotecas especializadas en literatura científica. 
http://www.consumer.es/web/es/alimentacion/aprender_a_comer_bien/curiosidades/2014/05/20/219940.php¿

martes, 22 de enero de 2013

LOS MITOS DE LA OBESIDAD

NUTRICIÓN | Claves de los expertos

Existen varias 'leyendas urbanas' para perder peso que no son efectivas. | 
La obesidad es un fenómeno tan complejo, con tantos factores implicados en su génesis y evolución, que, cuando se habla de ella a veces se confunden las evidencias, que cuentan con el suficiente respaldo científico, con las creencias que llevan años apoyadas en el imaginario colectivo. Debido a eso, siguen circulando muchas falsas ideas en torno a los problemas de sobrepeso y su prevención. Y no solo entre la población general, sino también en el mundo académico y los medios, según acaba de demostrar una investigación. Su análisis, que ha repasado la literatura científica y las últimas publicaciones periódicas, ha destapado algunos de los mitos más extendidos: 

El sexo consume mucha energía: 

A menudo se defiende que, en un encuentro sexual, cada participante 'quema' entre 100 y 300 kilocalorías. Sin embargo, las estimaciones reales son mucho menores: apenas 3.5 kilocalorías por minuto, un gasto similar al que se consigue dando un paseo. "Un hombre en la treintena consume aproximadamente 21 kilocalorías durante el coito", resumen los autores de este trabajo. 

La lactancia protege frente a la obesidad: 

Durante muchos años se creyó que así era, pero varios estudios han probado que no hay evidencias que respalden esta relación. Eso sí, advierten los investigadores en la revista 'The New England Journal of Medicine', la práctica "tiene otros importantes beneficios para el bebé y la madre, por lo que debe promoverse". 

Hay que estar concienciado para adelgazar: 

Otro de los mitos más extendidos es que es necesario valorar la actitud del paciente que va a someterse a un programa de pérdida de peso. Clotilde Vázquez, jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, desmonta la teoría: "Muchos pacientes van motivándose a medida que ven los resultados de su esfuerzo. De hecho, una mejor predisposición inicial no siempre garantiza mejores resultados", remarca. 

Hay que marcarse objetivos realistas: 

Esta afirmación parte de la base de que, si no se marca un objetivo prudente, el paciente podría "frustrarse y perder menos peso". "Aunque es una hipótesis razonable", señalan los investigadores, "los datos empíricos indican que no hay ninguna asociación negativa consistente entre marcarse una meta ambiciosa y la pérdida de peso. Es más, varios estudios han mostrado que los objetivos más ambiciosos a veces se relacionan con mejores resultados". Para Vázquez, esto es así, siempre que el paciente se somete a un seguimiento constante. "A largo plazo es difícil sostener algo muy ambicioso, por lo que, cuando se pierde el control externo, a veces los pacientes abandonan los hábitos adquiridos", explica. En su opinión, en todos los casos "hay que personalizar la atención" ya que, mientras que para algunos poner una meta ambiciosa puede suponer un acicate para su motivación, en otros casos esta estrategia puede ser contraproducente. 

Pequeños cambios en la dieta o la actividad física tienen un gran impacto a largo plazo: 

Un ejemplo de esta teoría es el que asegura que reducir el gasto energético diario en 100 kilocalorías (caminar un kilómetro y medio al día) supone una disminución de más de 20 kilos en un plazo de 5 años. En realidad, señalan los autores de este trabajo, la pérdida real de peso sería sólo de alrededor de 4,5 kilos en el mismo tiempo, y siempre que "no se tenga en cuenta una ingesta compensatoria de calorías por el esfuerzo realizado". Vázquez explica que la primera estimación es puramente teórica, ya que no tiene en cuenta los múltiples factores que pueden intervenir al margen de la práctica de ejercicio. Sin embargo, para esta especialista es importante "no minimizar la efectividad de los pequeños gestos". "Conseguir perder más de cuatro kilos en un plazo de cinco años y no recuperarlos es un logro muy importante", señala. Y continúa: "En mi experiencia he comprobado que sólo los pequeños cambios son sostenibles". 

Las clases de educación física son claves en la prevención: 

Al menos tal y como está planteado el modelo actual, los programas "no resultan muy efectivos a la hora de reducir el índice de masa corporal o la prevalencia de la obesidad", señalan los investigadores. Sin embargo, para Clotilde Vázquez, jefa del servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, nunca hay que subestimar el papel del ejercicio en la infancia. "La actividad física es fundamental para crecer bien, es salud y resulta básica en el desarrollo musculo-esquelético. Otra cosa es cómo se plantee esa actividad en las escuelas", señala.
Cristina G. Lucio | Madrid 

jueves, 26 de noviembre de 2009

4º ESO-FALSOS MITOS DE LOS REGIMENES DE ADELGAZAMIENTO



FALSOS MITOS DE LOS REGIMENES DE ADELGAZAMIENTO
Por Alicia Salido, Ana Sánchez, Pilar San Martín, Gema Yoldi, y Maite ZudaireArtículo cortesía de Grupo Eroski
La alimentación es un tema que preocupa cada vez más a la sociedad, tanto por la estrecha relación que hay entre una buena alimentación y la prevención de enfermedades, como por el creciente culto a la belleza y la delgadez como condicionantes para conseguir el éxito hoy día.
Este gran interés ha hecho que surjan en torno a la alimentación una serie de creencias erróneas que lo único que consiguen es confundir a las personas que quieren perder peso, mejorar su salud, etc. Muchos de estos mitos no se basan en los conocimientos científicos actuales, y otros están propiciados por intereses comerciales y económicos.
Algunas de estas creencias consiguen confundir a aquellas personas que quieren perder peso o mejorar su salud
Lo que sigue son algunos tópicos y un intento de aclarar conceptos erróneos.

1. Los hidratos de carbono engordan
“El pan, la pasta y la patata engordan”. Los hidratos de carbono constituyen la principal fuente de energía para el organismo. Cada gramo de hidratos de carbono aporta 4 Kcal., igual que las proteínas, frente a las 9 Kcal./gramo que aportan las grasas. Los alimentos que proporcionan hidratos de carbono son los cereales y derivados (pan, pasta, harinas…), patatas, legumbres, frutas y verduras. Deben representar entre el 50 y el 60% de la energía total diaria. El organismo necesita una cantidad mínima diaria de hidratos de carbono y ante su ausencia recurre a otros nutrientes como fuente de energía (proteínas y grasas), pudiendo provocar daños irreparables.
Los alimentos hidrocarbonados son fuente de fibra, por lo que aumenta la saciedad de la dieta y se ingieren menos calorías, normalmente en forma de grasa.
Hay que indicar que alimentos como los pasteles, la bollería y los dulces también son fuente de hidratos de carbono, pero muchas veces se acompañan de grasa poco saludable, por lo que se debe moderar su consumo.

2. El agua tomada en la comida engordaEl agua no aporta calorías por lo que no engorda. Incluso si se toma antes o durante las comidas provoca saciedad y así se evita el consumo de otros alimentos. Si se ingiere en gran cantidad, la digestión se realiza más lentamente como consecuencia de una dilución de los jugos gástricos.

3. La fruta engorda tomada tras la comidaUna pieza de fruta aporta las mismas calorías se tome antes o después de las comidas. Si se toma antes produce saciedad por su aporte fibra, evitando una ingesta excesiva posterior. El orden en que se ingieren los alimentos no importa si la cantidad de calorías es la misma.

4. Los alimentos light adelgazanLos alimentos light aportan menos cantidad de calorías que sus equivalentes convencionales, pero si se toman en exceso también pueden provocar un aumento de peso. Además se ha comprobado que no en todos los casos el valor calórico de estos productos es menor.

5. Las vitaminas engordan
Las vitaminas no aportan calorías por lo que no engordan, ni tampoco adelgazan.

6. Los hidratos de carbono y las proteínas no pueden tomarse juntos en la misma comidaMuchos alimentos son una mezcla de hidratos de carbono, proteínas y grasas, por lo que resulta absurdo separar unos alimentos de otros cuando su propia composición es una mezcla compleja. El aparato digestivo del ser humano está especializado para realizar la digestión de la más variada mezcla de alimentos.

7. Los alimentos integrales no engordanLos alimentos integrales aportan una mayor cantidad de fibra que los alimentos refinados, pero la composición en el resto de nutrientes es similar por lo que la cantidad de calorías es la misma. Se ha demostrado que la fibra es muy beneficiosa para el organismo ya que mejora el tránsito intestinal, contribuye a reducir los niveles de glucosa y colesterol de la sangre y a prevenir enfermedades como el cáncer. Se aconseja incluir en la dieta productos integrales por estas razones y no como medio para reducir calorías.

8. Las frutas más dulces como el plátano y las uvas engordanEstas frutas aportan más energía por 100 gramos que otras como la manzana, la naranja, etc., por lo que tomando menos cantidad de las primeras, que son más energéticas, el aporte de calorías es similar al de una manzana o una naranja medianas.

9. El aceite de oliva no engordaEl aceite de oliva, al igual que otro tipo de aceites, aporta 9 Kcal./gramo, tanto si se emplea en crudo como al estar cocinado, por lo que se debe moderar su consumo para no aumentar de peso.

10. Mi exceso de peso se debe a que retengo muchos líquidosEs frecuente oír la frase “mi exceso de peso es por retención de líquidos”. Hay que desmitificar esta creencia popular ya que tanto el sobrepeso como la obesidad se caracterizan por un exceso de grasa corporal y no de agua. Por tanto, el uso indiscriminado que se realiza de diuréticos, sin el asesoramiento y la prescripción de un profesional cualificado constituye un riesgo para la salud.

11. Mi metabolismo es muy bajo y por eso engordoEl metabolismo basal de una persona, es decir, las calorías que necesita para mantener las funciones vitales, se calcula teniendo en cuenta diversos aspectos como la edad, el peso y la talla, por lo tanto cuanto mayor sea su peso, más alto será su metabolismo. Hay que tener en cuenta que la masa muscular es la metabólicamente más activa, la que quema más calorías, por lo que se recomienda hacer ejercicio para aumentar la cantidad de músculo y de esta forma quemar más calorías.

12. Me engordan los nerviosEn muchas ocasiones los estados de nerviosismo o ansiedad pueden desencadenar en ciertas personas una ingesta excesiva de alimentos que habitualmente son de elevado contenido energético como galletas, chocolate, frutos secos, dulces, etc. El aumento de peso se produce si la ingesta de alimentos energéticos, asociada a estas situaciones de ansiedad, se mantiene a lo largo del tiempo.

13. La mayoría de los casos de obesidad se deben a causas genéticasAunque un pequeño porcentaje de casos de obesidad se debe a causas genéticas, la mayor parte de ellos están relacionados con malos hábitos de alimentación y la falta de actividad física.

14. Saltarse comidas para adelgazarMuchas personas creen que al saltarse alguna toma diaria adelgazarán fácilmente. Sin embargo lo adecuado es repartir la ingesta diaria en varias tomas, al menos cuatro, para evitar llegar a la siguiente con ansiedad, ya que esto suele conducir a la ingesta compulsiva de alimentos de alta densidad energética.


Comentario de texto: 
1. Comentar lo que os parece cada uno de los mito dando vuestra opinión 
2. ¿Conocéis a alguien de vuestro entorno que lleve a cabo o no dichos mitos? 
3. ¿Qué mito conocías y cuál no? 
4. ¿Cuál de ellos te ha llamado la atención y porqué? 
5. ¿Sabes de algún otro mito? Explica. 

 Mínimo 2 folios por ambas caras escrito a mano o impresora. Responder a todas las preguntas.