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sábado, 4 de octubre de 2014

EJERCICIO PRODUCE CAMBIOS MUSCULARES QUE NOS PROTEGEN DE LA DEPRESIÓN

El ejercicio físico protege frente a muchas enfermedades El ejercicio físico puede tener muchos efectos beneficiosos sobre la salud; entre ellos se sabe que protege frente a la depresión inducida por el estrés. Sin embargo, hasta ahora se ignoraban los mecanismos que mediaban en dicho efecto protector. Pero un estudio realizado en el Instituto Karolinska (Suecia) parece haber dado con la respuesta a esta cuestión. Los investigadores han visto que el ejercicio físico induce cambios en el sistema músculo esquelético que pueden purgar la sangre de una sustancia que se acumula durante el estrés y que se sabe que es perjudicial para el cerebro. 

El estudio se publica en la revista «Cell». A pesar de que en términos neurobiológicos todavía no sabemos qué es la depresión, señala la investigadora Mia Lindskog, «nuestro estudio representa una pieza más en el rompecabezas de esta enfermedad, ya que ofrecemos una explicación de los cambios bioquímicos protectores inducidos por el ejercicio físico que impiden que el cerebro se dañe durante el estrés». 

No hay que olvidar que la depresión es un trastorno muy común en todo el mundo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 350 millones de personas viven con la enfermedad. El estudio parte de la base de que la proteína PGC-1α1 aumenta en el músculo esquelético por la práctica de ejercicio, y que dicha proteína media en el acondicionamiento muscular beneficioso relacionado con la actividad física. Así, a partir de un ratón modificado genéticamente para que tuviera niveles elevados de PGC-1α1 en el músculo esquelético y de otro grupo de ratones control, los científicos expusieron a ambos grupos a un ambiente estresante, como ruidos fuertes, luces intermitentes, y alteraron su ritmo circadiano –sueño/vigilia- en intervalos irregulares. 

A las de cinco semanas de estrés , los ratones control se había desarrollado un comportamiento depresivo, mientras que los modificados genéticamente no presentaban síntomas depresivos. Sustancia beneficiosa «Creíamos que el músculo entrenado produciría una sustancia con efectos beneficiosos sobre el cerebro, pero en realidad vimos justo lo contrario», explica el director del trabajo, Jorge Ruas. «Lo que hacía el músculo bien entrenado es fabricar una enzima que purga el cuerpo de sustancias nocivas, algo similar a la que hacen otros órganos, como el riñón o el hígado al eliminar toxinas». A continuación los investigadores descubrieron que los ratones con mayores niveles de PGC-1α1 en el músculo también tenían cifras más elevadas de enzimas KAT, que se encarga de convertir una sustancia formada durante el estrés (quinurenina) en ácido quinurénico, una compuesto que no es capaz de traspasar la barrera hematoencefálic. 

Y aunque se desconoce la función exacta de quinurenina, los pacientes con depresión presenten alteraciones de quinurenina. Nueva vía de tratamiento Ahora, en este trabajo los investigadores ha demostrado que cuando se administró quinurenina a los ratones normales éstos revirtieron su comportamiento depresivo, mientras que los ratones con aumento de los niveles de PGC-1α1 en el músculo no se vieron afectados. «Es posible que este trabajo abra una nueva vía farmacológica para el tratamiento de la depresión basado en la modificación del músculo esquelético en lugar de dirigirse directamente al cerebro. Según nuestros datos, este sistema parece tener un efecto de desintoxicación que, cuando se activa, puede proteger el cerebro de las enfermedades mentales», añade Ruas.
http://www.abc.es/salud/noticias/20140925/abci-depresion-ejercio-mecanismos-terapia-201409251414.html

sábado, 6 de septiembre de 2014

DEPRESIÓN Y ESTRÉS, MALOS COMPAÑEROS DE LAS ENFERMEDADES CARDIOVASCULARES

La depresión y el estrés combinan mal con las enfermedades cardiovasculares. Distintos estudios habían puesto cifras al incremento del riesgo de mortalidad de los pacientes que padecen estas dolencias. Dos nuevos trabajos, presentados hoy en el marco del congreso de la Sociedad Europea de Cardiología (ESC), que se celebra en Barcelona hasta el 3 de septiembre, aportan nuevos datos sobre la relación entre estos factores psicosociales y las dolencias cardiovasculares. Investigadores alemanes concluyen que los pacientes que sufren insuficiencia cardiaca y además están depresivos tienen peor pronóstico y más probabilidad de morir a causa de la enfermedad cardiaca. Otro trabajo con mujeres rusas constata que el estrés multiplica el riesgo de hipertensión, infarto de miocardio e ictus. “Hace años que se conoce que los factores psicosociales influyen en las enfermedades cardiovasculares”, explica a El País Nicolás Manito, jefe del servicio de Cardiología del hospital de Bellvitge. 

El estudio alemán concluye que casi un 30% de los pacientes con insuficiencia cardiaca tiene depresión. De estos, un 26,9% fallece a causa de la enfermedad cardiovascular subyacente pasado un año y medio, lo que para los investigadores confirma el mal pronóstico de la depresión en este tipo de pacientes. Solo el 13,6% de los que no la sufrían falleció en el mismo lapso de tiempo. Un 20% menos muertes por insuficiencia cardiaca La industria aprovecha encuentros profesionales como el ESC Congress 2014, que reúne a unos 30.000 cardiólogos de todo el mundo, para presentar a la comunidad científica sus últimos productos. El fármaco que ha despertado más interés entre los especialistas es el LCZ696, de Novartis, que trata la insuficiencia cardiaca. La administración de esta molécula durante el ensayo llamado Paradigm-HM redujo en un 20% el número de muertes por causas cardiovasculares y de hospitalizaciones comparado con el mejor tratamiento actual, el enalapril, explica el especialista en insuficiencia cardiaca Nicolás Manito. 

Esta enfermedad, que se caracteriza porque el corazón no puede bombear suficiente sangre al organismo (sus síntomas son el cansancio, la sensación de ahogo y la congestión), representa aproximadamente el 2% del total del gasto sanitario público, explicó durante la presentación a la prensa el presidente de la Sociedad Española de Cardiología, José Ramón González Juanatey. Es la única dolencia cardiovascular que sigue aumentando la prevalencia y la incidencia. El 7% de la población española la padece. “Es una avance muy importante. Hace más de una década que no había ninguna novedad importante en los fármacos para la insuficiencia cardiaca”, asegura Manito. Sanofi también ha presentado una novedad, aún en desarrollo clínico: el alirocumab, un anticuerpo monoclonal que reduce el colesterol LDL, conocido como ‘colesterol malo’, en pacientes con hipercolesterolemia. El ensayo Odyssey Long Term mostró una reducción del 62% en los valores de colesterol LDL en 24 semanas de tratamiento, comparado con placebo y añadido a un tratamiento convencional con estatinas. Manito apunta a varias explicaciones: “Los pacientes con síndromes ansiosos-depresivos presentan mayor riesgo para la insuficiencia cardiaca porque tienen más actividad hormonal, que desencadena esta enfermedad”. 

Además, añade, los fármacos que se administran para tratar esta enfermedad crónica, como los betabloqueantes, desencadenan la aparición de síntomas depresivos. Aún hay una tercera consideración: “Cuando a una persona joven se le diagnostica la insuficiencia cardíaca, y se ve obligada a abandonar una vida laboral, de relación social y sexual, toda la vida psicosocial de esa persona se altera. Y ello facilita el desarrollo de ansiedad y depresión. Es un mecanismo que perpetúa la propia enfermedad, y lo que lleva finalmente a un mal pronóstico”, añade. Por eso es “clave”, asegura el también presidente de la sección de Insuficiencia Cardiaca y Trasplante de la Sociedad Española de Cardiología, detectar quién sufre un cuadro depresivo e instaurar el tratamiento más adecuado. “Es tan importante como la medicación de la insuficiencia”, añade. Las unidades multidisciplinares, que cuentan con psicólogos y psiquiatras, además de personal de enfermería especializado, son básicas. “Estos estudios son como un toque de atención a los médicos para que demos a estos factores la importancia que merecen. 

No se han valorado suficientemente estas patologías en la enfermedad cardiovascular, y ahora se pone en evidencia que también hay que enfocar la atención al tratamiento de las complicaciones psicológicas”, señala. Cumplir con el tratamiento prescrito es otro de los desafíos en caso de depresión. El paciente que no toma la medicación necesaria presenta una mortalidad mucho mayor, recuerda Manito. “Es precisamente una de las explicaciones de por qué los pacientes depresivos mueren más: no toman bien los fármacos, no vienen a consulta, no cambian los hábitos como se les indica. Por eso es tan necesario detectar y tratar adecuadamente esta patología”, añade el cardiólogo, que considera la insuficiencia cardiaca “otra epidemia del siglo XXI” por su elevada prevalencia, del 7% en España y la causa número uno de ingresos y reingresos en el hospital. “El 40% de los pacientes que ingresan por esta causa vuelven a hacerlo en menos de un año. Hablamos de prácticamente de uno de cada dos”, concluye. 

 El estudio realizado con 870 mujeres rusas revela que dos de cada diez sufren estrés familiar. Tras realizarles un seguimiento de 16 años para estudiar la incidencia de hipertensión, infarto de miocardio e ictus, los investigadores comprobaron que las que tenían estrés presentaron 1,39 veces más riesgo de hipertensión; 5,59 veces más probabilidad de infarto y 3,53 veces más riesgo de accidente cardiovascular, en comparación con las que declararon no sufrir este trastorno. El trabajo “resulta útil para comprender mejor los posibles mecanismos que vinculan estrés y enfermedad cardiovascular”, afirmó José Ramón González-Juanatey, presidente de la Sociedad Española de Cardiología. En caso de infarto, mejor si hace calor Hasta 4.500 estudios está previsto que se den a conocer durante los cinco días que dura el congreso de la ESC, considerado la cita más importante sobre investigación, tratamiento y prevención de la enfermedad cardiovascular. 

Los hay sobre todas las áreas. En reanimación cardiopulmonar, por ejemplo, un trabajo japonés presentado hoy ha demostrado que hay una relación directa entre la temperatura ambiental en el momento en que una persona sufre un paro cardiaco y su evolución neurológica posterior. Tras analizar los casos de más de 240.000 pacientes y estudiar distintos factores ambientales (temperatura, presión, humedad, horas de luz…), observaron las personas que sufren un paro cardiaco cuando hace calor tienen mejor recuperación neurológica pasados 30 días. Los autores aseguran que no saben cómo influye el calor en la recuperación, y creen que habría que desarrollar más estudios. Dos trabajos anteriores ya apuntaban a las diferencias entre el número de muertes por infarto agudo de miocardio según la estación del año. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 40% de las 17.644 defunciones de 2012 por infarto de miocardio se produjeron en los meses de invierno (diciembre a marzo); en verano (junio a septiembre) fueron un 28%. http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/08/31/actualidad/1409506900_662960.html

domingo, 9 de febrero de 2014

CÓMO DETECTAR LA DEPRESIÓN JUVENIL

CONSEJOS PARA LOS PADRES


La depresión es una enfermedad que afecta a entre un 1% y un 7% de los menores y el número de casos aumenta en relación con la edad. La detección precoz se convierte en clave para un mal en ocasiones enmascarado por los prejuicios sobre la adolescencia. Las ventanas temporales por las que se 'cuela' en mayor medida el trastorno depresivo están entre los 13 y los 14 años y entre los 17 y los 18. En estos periodos se intensifican las presiones sociales sobre los más jóvenes, la familia deja paso al grupo de amigos como estructural social básica y las exigencias escolares son mayores que en etapas anteriores, se une a todo ello los cambios físicos propios de la edad. 

Según explica Josefina Castro, de la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPNA), la historia personal del niño o adolescente es clave para entender y diagnosticar el trastorno. La predisposición genética es uno de los principales factores desencadenantes de la depresión entre los más jóvenes, por lo que debe ser tenido muy en cuenta en su diagnóstico, tratamiento y seguimiento. Además la ansiedad en los más jóvenes puede convertirse en la antesala de la depresión si no se trata a tiempo. Para Castro, los menores que se muestran muy ansiosos ante situaciones escolares, con los amigos o familiares son más propensos a la depresión, por lo que es fundamental pedir consejo especializado. 

Señales de alarma 

La doctora Castro señala que existen una serie de indicios que pueden ayudar a los padres a detectar pronto en sus hijos una incipiente depresión. Entre estos 'síntomas' se incluyen: 
- Un estado de ánimo en el que prima la tristeza. 
- Irritabilidad que se traduce en frecuentes enfados. 
- Pérdida de la ilusión en aspectos que antes eran fuente de placer. 
- Deseo de aislamiento que se traduce en no querer salir con los amigos. 
- Descenso del rendimiento escolar. 
- Pérdida del apetito y dificultades para dormir. 
- Consumo de drogas como vía de escape. 

 Cómo actuar 

Aunque algunos de estos síntomas, como el consumo de drogas, son por si mismos motivo de consulta con especialistas de la salud otros pueden considerarse normales de la edad. Castro aconseja cuando existe cualquier tipo de duda acudir al centro de salud y no pensar que la situación puede mejorar por sí sola. Es clave además, según la experta, conseguir la derivación a un psiquiatra especializado en esta franja de edad ya que sabrá realizar las preguntas adecuadas y detectar en las respuestas la clave para acertar con el diagnóstico. 

Castro aconseja a los padres seguir una serie de pautas para que sus hijos superen la enfermedad: 
- Colaborar con el psiquiatra o psicólogo. 
- No crear situaciones de estrés o presionar a los hijos. 
- No mimar en exceso a los menores y no cambiar las pautas educativas.
- Aumentar las muestras de cariño.
- Buscar más tiempo para pasar en familia. 

El tratamiento de la depresión en los menores se basa principalmente en la psicoterapia y en los casos más graves se utilizan antidepresivos. La mejoría comienza a ser evidente entre el mes y medio y los tres meses posteriores al comienzo de la terapia.
27 Ene. (EUROPA PRESS)

sábado, 25 de junio de 2011

DEPRESIÓN EN MENORES

PSIQUIATRÍA Depresión en menores.
Dos años sin que nadie sepa que están enfermos.
La falta de diagnóstico y tratamiento precoces agrava el pronóstico.
En 2020, será la primera causa de años de vida perdidos en los menores.
El suicidio entre los adolescentes está aumentando en todos los países.
Hay que volver a insistir. Los problemas psiquiátricos no son sólo cosa de adultos. Los niños también los sufren. Sus padres en muchas ocasiones lo desconocen. También, probablemente, sus pediatras. Pero la realidad es que están enfermos. Hasta un 5% de los menores españoles padece depresión, pero tardan meses, incluso una media de entre dos y tres años en recibir un diagnóstico y, por tanto, tratamiento.

Las consecuencias de este infradiagnóstico, según Celso Arango, jefe de Sección de psiquiatría infanto-juvenil del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid y director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), son dramáticas.

Tal y como ha puesto de manifiesto durante el IX Seminario Lundbeck 'Sumidos en la tristeza a cualquier edad', que se ha celebrado en Ibiza: "El tiempo que pierde un menor por culpa de padecer depresión es irrecuperable. La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte de que en 2020 la enfermedad será la primera causa de años de vida perdidos en niños. Además, tiene un gran impacto a nivel académico, en su crecimiento y desarrollo personal, en sus relaciones interpersonales y familiares".

Todo sin mencionar que "el pronóstico de la patología depende de la intervención temprana". En esta última también se sustenta la posibilidad de reducir el número de suicidios. Porque la depresión es el principal factor de riesgo. "Sólo en EEUU cada año dos millones de adolescentes intentan quitarse la vida. El suicidio es ya la segunda causa de muerte en este grupo de edad, por detrás de los accidentes de tráfico", insiste el psiquiatra del Gregorio Marañón.

Suicidios

De hecho, "en la unidad de adolescentes de nuestro centro, entre el 30% y el 35% de los ingresos hospitalarios es por trastornos afectivos y se producen entre 70 y 80 casos anuales de ingreso por intento de suicidio o ideación suicida", agrega.

Precisamente, y dado el impacto del suicidio en la población adolescente española, la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y del Adolescente (AEPNyA) acaba de conceder la I edición del concurso Beca de Investigación, a un proyecto que tiene cómo finalidad explorar en los posibles factores de riesgo de la conducta suicida en los jóvenes de entre 11 y 17 años.

Juan José Carballo, psiquiatra infanto-juvenil en la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), es uno de los expertos que va a llevar a cabo este ensayo. "Vamos a intentar conocer mejor aquellos factores demográficos y clínicos de nuestro medio que pudieran predecir la aparición de ideación suicida, conducta suicida y conducta autolesiva durante los 6 meses de seguimiento de los pacientes, así como explorar la relación entre la adherencia al tratamiento y la persistencia de la ideación suicida. Todo ello facilitará la posibilidad de reconocer grupos de alto riesgo que requirieran planes de intervención específicos", declara a ELMUNDO.es

Las señales

La razón por la que los menores están viviendo en silencio la depresión y sus consecuencias está en que las señales de alerta que delatan su existencia se desconocen o son mal interpretadas. También porque los pequeños tienen una menor capacidad para comunicar sus emociones o pensamientos negativos. "En los niños, lo atípico es la regla. Ellos no manifiestan melancolía, ni tristeza... Se vuelven irritables, impulsivos. Las manifestaciones de la enfermedad van cambiando según el desarrollo evolutivo del pequeño", indica Celso Arango.

Así, en los menores de siete años el síntoma más frecuente es la ansiedad. Es común que, en ellos, la enfermedad se asocie con trastornos de ansiedad, como la fobias escolares y los trastornos de eliminación [encopresis (pérdida de heces) y enuresis (de orina)]. Es corriente también que manifiesten rabietas, llanto inmotivado, quejas somáticas (dolor de cabeza, abdominal), pérdida de interés por los juegos habituales, cansancio excesivo o, por el contrario, aumento de la actividad motora.

Desde los siete a los 10 años, aproximadamente, la depresión 'cobra otras formas': disminución del rendimiento escolar, trastornos de conducta, agresividad, sensación frecuente de aburrimiento, trastornos del sueño, disminución del apetito, baja autoestima y dolores somáticos, entre otros. A estas edades, y en ocasiones surgen las ideas de suicidio.

El abuso de alcohol o sustancias, el mal humor, la inquietud, el aislamiento, la falta de cuidado en el aseo personal, los sentimientos de no ser aceptado o la baja autoestima caracterizan la patología a lo largo de la adolescencia. "Un 70% de los niños y los adolescentes con trastornos depresivos no ha sido diagnosticado correctamente, ni recibe el tratamiento adecuado, debido a que, como hemos mencionado anteriormente, los síntomas difieren de los de los adultos, también existe una mayor dificultad para identificar como depresión lo que les ocurre y, además, por la falta de formación de los profesionales sanitarios".

Tanto para este especialista como para la doctora Rosa Catalán, coordinadora de Calidad y Seguridad Clínica del Instituto Clínico de Neurociencias del Hospital Clínico de Barcelona, "el diagnóstico precoz de la depresión en todas las edades ayudaría a la prevención y ahorraría millones de euros al sistema sanitario".

La realidad, sin embargo, es bien distinta porque "España sólo dedica un 5% de sus recursos sanitarios a la enfermedad mental, situándose por debajo de la media de la Unión Europea, que está en el 13%", resalta Arango. Sin que se valore que "el 70% de los trastornos psiquiátricos se inicia antes de los 18 años".
Patricia Matey Madrid