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miércoles, 1 de noviembre de 2017

ES RIDÍCULO ATOSIGAR A LOS NIÑOS CON EXÁMENES

El portal ‘Cinco Días’ hizo pública una entrevista a Christopher Clouder quien sostiene que en las escuelas Waldorf los alumnos son quienes marcan los ritmos, aprenden a leer pasados los seis años, no tienen exámenes y reciben una sólida formación musical y artística. Su rendimiento académico cuando se incorporan a la universidad está, dicen, por encima de la media. 

Especialmente popular en su Alemania natal y en los países escandinavos, también es conocido por convencer a muchas estrellas de Hollywood. Christopher Clouder (York, 1946) es uno de los máximos expertos en este método. Dirigió durante 12 años el Comité Europeo Educativo Steiner Waldorf. Desde 2009 encabeza la Plataforma para la Innovación en Educación de la Fundación Botín.  

¿El hecho de que existan pedagogías alternativas significa que la educación tradicional falla? Creo que el sistema convencional ya ha cumplido su ciclo. Procede del siglo XIX y estamos en el XXI. Nuestros hijos esperan algo distinto de la educación. No critico el sistema actual, no digo que esté todo mal, pero sí creo que hay que evolucionar. ¿De qué modo? Para empezar, hay que incidir más en la autoexploración. En vez de seguir programas rígidos, los maestros deberían tratar de ser más auténticos. 
También hay que redefinir la relación que mantenemos en clase con los alumnos. Lo resumiría diciendo que la educación debe quedar al servicio de los niños, y no al revés. Necesitan que se les estimule la creatividad, el coraje y el trabajo en equipo tanto o más que asimilar determinados conocimientos. ¡Piense que casi todo lo que uno puede preguntarse está ya disponible en internet! Hay quien asegura que dejar demasiada libertad al niño puede ser contraproducente para su educación. 

Más que darles libertad, lo que hacemos es respetarlos. Los niños son sensatos. Saben lo que es bueno para ellos, lo que es sano. Eso no se debe confundir con hacer que asuman responsabilidades desde muy temprano. Nosotros somos los adultos: les escuchamos, pero somos quienes decidimos. Lo ideal es que los pequeños sean cocreadores de su entorno. 
Es muy importante que disfruten su niñez, un periodo que cada vez acortamos más: la pubertad se ha avanzado dos años y medio en el último siglo. 

Algunos expertos consideran ridículo compartimentar el conocimiento en asignaturas. ¿Qué opina usted? Creo que lo que hacemos es triste. Estamos creando un entorno competitivo para los niños desde bien pequeños, cuando para ellos lo natural es cooperar en vez de competir. Es una lástima que la obsesión del sistema sea convertir a los niños en unidades económicamente operativas en el menor tiempo posible. Eso va contra su derecho a desarrollarse como persona. 

Le puedo asegurar que, aunque no se le presione con plazos, un niño aprende, y lo hace rápido. Atosigarles con exámenes y notas desde pequeñitos es ridículo. Mucha gente no concibe una escuela sin exámenes. En los centros Waldorf los niños pasan pruebas: se les ponen retos y deben hacerlo cada vez mejor. No se trata de competir con los demás, sino con uno mismo. Ese espíritu de autosuperación dura para toda la vida. 

Los exámenes propiamente dichos tienen sentido cuando son más mayores. 

El arte y la música tienen mucha importancia en la pedagogía Waldorf. ¿Por qué? Porque es una parte importantísima del desarrollo personal. Aportan armonía. Cuando se les deja solos, los niños dibujan, cantan, saltan, se mueven. ¿Se ha preguntado alguna vez por qué? El movimiento genera sinapsis en el cerebro, estimula las conexiones neuronales. Todas las artes implican movimiento. En los últimos años se ha demostrado, además, que los niños con una educación artística rica tienen mejor salud mental, menos abandono escolar, menos propensión al consumo de drogas y mejores resultados académicos. Tecnología sí, pero en un entorno controlado 

¿Qué le parece el sistema educativo español? Todos o casi todos los padres se preocupan de la enseñanza de sus hijos, independientemente del lugar en el que nos fijemos. Sé que en España las artes no han jugado nunca un papel demasiado importante en la educación. Ahora eso está cambiando y creo que es positivo. España es un país que se está abriendo, cuando muchos otros se están cerrando en sí mismos. Eso tiene mérito. 

¿Es partidario de la introducción de las nuevas tecnologías en las aulas? Toda tecnología aporta ventajas e inconvenientes. Debemos pensar bien cómo encaja cada una en la vida del niño. ¿Está bien que un crío de cuatro años pase horas ante una pantalla? No es sano, puede ser manipulado, se puede aislar de los demás… Ese es el lado negativo: el positivo es que nos acerca a los demás y tenemos muchos contenidos disponibles allí donde estemos. La cuestión es cómo usar la tecnología en el beneficio de los pequeños. El entorno debe ser controlado. 

¿Qué papel deben jugar los deberes en la enseñanza? Este es un tema muy controvertido [risas]. Creo que llevarse a casa algo de deberes está bien, siempre y cuando no sean excesivos. Su función debe ser potenciar, no esclavizar: los niños ya pasan suficientes horas sentados en los pupitres. Lo ideal sería que los deberes enseñasen al niño a aprender. También necesitan hacer otras cosas: tocar instrumentos, hacer ejercicio, jugar, aburrirse… 

¿Qué hay de los padres? ¿Se implican todo lo que deberían? Las escuelas son comunidades, y los padres, quieran o no, forman parte de ellas. Quien tiene hijos está en constante aprendizaje, eso es seguro. Y eso no siempre es fácil. Deberían perder el miedo a consultar cosas con los maestros. 
 Este contenido ha sido publicado originalmente por Cinco Días en la siguiente dirección: cincodias.com 
http://webdelmaestrocmf.com/portal/christopher-clouder-ridiculo-atosigar-los-ninos-examenes-notas/       

domingo, 23 de octubre de 2011

'EL FÚTBOL ESTÁ LLENO DE HISTORIAS QUE GUARDAN MÁS TRISTEZAS QUE ALEGRIAS'

ENTREVISTA José Antonio Martín Otín, 'Petón'
'La mayoría de los periodistas deportivos son futbolistas frustrados'
'Mi vida es todo fútbol y todo lo demás'

En las jurisdicciones de José Antonio Martín Otín siempre suena 'Petón'. Este es el nombre de batalla de uno de los ex futbolistas más singulares del paisaje de los estadios. Un periodista que se enredó en las cosas de los estadios, un escritor que viaja en dirección contraria. Un conversador lleno de pliegues donde aguardan anécdotas, títulos de libros, referencias cinematográficas, discos, palabras, anécdotas, cosas imprevistas, muchas cosas que tienen un diapasón extraño.

'Petón' habla y le sale fútbol. Pero cuando creías que la cosa terminaba en fuera de juego saca una historia como un volantazo y vuelves a empezar. Sucede así en su nuevo libro, 'El fútbol tiene música' (Editorial Córner), 50 historias que tienen este deporte como cebo pero que van más allá. Por las páginas de este volumen, cuyo título sale del programa que patroneaba 'Petón' en Radio Marca, cruzan aventuras y gentes que conforman la galaxia más humana del fútbol. Glorias con la vida torcida (como Best, como Ronaldo), creadores que alguna vez anidaron en los perímetros de un estadio (Chillida, Querejeta), mitos (Pelé, Di Stéfano), y así todo recto. 'Petón' va de los clásicos a Ibsen. De Pepín Bello a Medardo Fraile. Todo con la misma pasión con la que sigue jugando tres veces por semana. Acumulando referencias, letras, palabras, versos que rugen.

¿Qué música tiene el fútbol?

Los brasileños tienen razón cuando dicen de algo bueno que tiene música. Con eso se refieren a las bellezas ocultas que tiene lo presuntamente evidente. Y el fútbol no se escapa a esa máxima. Uno cree que por ver un partido ya sabe de este deporte. Pero no. El fútbol está lleno de historias que guardan más tristezas que alegrías. Si al cabo de una vida haces balance de lo que el fútbol te ha dado, muchas veces son más momentos difíciles que satisfacciones. Esa melancolía está también en el libro.

¿De dónde sale todo lo que cuentas?

La mayoría de las veces, de la tradición oral. Y de leer con avidez enfermiza. También de lo escuchado en los vestuarios y aprovechando mi memoria selectiva. Fui 17 años profesional y en todo ese tiempo, si sabes poner el oído, oyes cosas increíbles.

¿La literatura ha atendido bien al fútbol?

Me parece que sí. Y algunos futbolistas también andan por los terrenos de las letras, pienso en Pardeza (especialista en González-Ruano), con quien estoy haciendo ahora un libro. Aunque no creo que haya un pie de apoyo en el fútbol para escribir. Digamos que son pasiones compatibles.

¿No te ves como una suerte de comando autónomo del balón?

Pues sí, la verdad. A veces veo que se pierde la sensatez, el equilibrio, la tranquilidad a la hora de hablar de fútbol. Hay prejuicios severísimos impulsados por los colores. Ahora hay un 'guerracivilismo' terrible, muy atizado por los medios de comunicación.

Tú eres periodista...

Sí, estudié Ciencias de la Información. Me gustaba mucho escribir. Y siempre me entusiasmó el oficio de contar. El periodismo es la almendra de muchas vocaciones periodístico-deportivas. La mayoría de los periodistas deportivos son futbolistas frustrados...

Como Bob Marley, del que hablas en el libro.

Así es. Jugaba de joven contra los policías de su barrio. Y montaba unos partidos a vida o muerte. A cualquier sitio al que viajaba montaba un partido. Además, tenía como agente, guardasespaldas y confidente a Allan Skill Cole, que era el capitán de la selección de Jamaica.

Y de otra parte dedicas un artículo a George Best, el Bukowski del fútbol.

Sí. Es el Bukowski del campo, el Jim Morrison de la cancha. Un tipo genial, frustrado como futbolista, que se retira a los 26 años y al final de sus días resume su vida en una frase antológica: "Gané una fortuna. La mayor parte me la gasté en mujeres, alcohol y coches de lujo. El resto lo malgasté". Eso hace de él un mito. Estaba a la altura de los cinco grandes. Pelé, cuando lo vio en Lisboa jugar contra el Bemfica, dijo que acababa de asistir al descubrimiento del mejor jugador del mundo.

Y no olvidas a Chillida o Querejeta...

A ambos los admiro y ambos pertenecieron a la Real Sociedad. Y Chillida declaraba que el fútbol fue esencial para su proyección escultórica. Si te fijas en el 'Peine del viento' tiene la forma de un portero que se estira en una parada... Y respecto a Querejeta, se retiró cuando lo calificaron en una crítica un jugador "pundonoroso"... ¡Él que era un futbolista técnico!

¿Tu vida es todo fútbol?

Bueno, mi vida es todo fútbol y todo lo demás. Una suma de muchas cosas.


Antonio Lucas

domingo, 24 de abril de 2011

'PONER EL CUERPO AL LÍMITE ME HACE LLEGAR A LO MÁS HONDO'

Entrevista a Kilian Jornet, (cuatro veces) campeón del mundo de skyrunning (carreras por montaña)

Las editoriales suelen contratar a un escritor para recoger las vivencias de los deportistas, pero Kilian quiso escribirlas él. 'Córrer o morir' (Ara Llibres) es magnífico, sorprendente en su madurez y emocionante en su humildad. A los cinco años ya había ascendido al Aneto, a los diez atravesó, con su osito de peluche, el Pirineo. "Mi hermana y yo abríamos camino. Mis padres nos dejaban equivocarnos; así aprendimos, divirtiéndonos. Adoro la montaña, en invierno hago esquí de montaña (tres veces campeón del mundo) y en verano carreras (cuatro veces campeón del mundo de skyrunning, una de las pruebas físicas más duras del planeta)". Bicampeón mundial de Ultra Trail del Mont Blanc.

¿Un reto cada vez mayor?
Sí, porque las carreras no las valoro por las victorias.
¿?
Dentro de 40 años no voy a acordarme de si llegué el primero o el segundo. Me acordaré de las emociones que he sentido y que son muy distintas según el reto. Imagine lo que se puede sentir dando la vuelta al lago Tahoe, en California, 280 km, 38 horas corriendo...

Mmmm, imposible.

Estás muy fatigado, pero todo se intensifica: los olores de la tierra, la luz. Llegas a tener alucinaciones y sentir emociones más fuertes en tu imaginación que en la realidad.

¿A qué se refiere?

En la Diagonal de los Locos, travesía de la isla de la Reunión, 24 horas de carrera, me puse a llorar a 20 kilómetros de la meta: iba tan cansado que para distraerme imaginé lo que sentiría al cruzar la línea. Ganar fue menos emocionante.

Es usted un explorador de sí mismo.

Sí, poner el cuerpo al límite me hace llegar a lo más hondo de mí mismo. En la montaña aprendes que eres muy pequeño, una piedrecilla que baja o una tormenta te pueden eliminar del mapa, y eso me hace relativizar mucho las cosas y entender lo que es importante: ¿Para qué me sirve el deporte? ¿Para ganar dinero?, ¿para ser conocido?...

Entre otras cosas, ¿no?

Lo único que queda son las vivencias y las cosas que has sentido. Saber que puedo correr 1.000 metros de desnivel en 30 minutos en un mundo en que los transportes te pueden llevar a una velocidad tremenda no sirve de mucho. Pero sí me sirve para conocerme, saber mis límites, mis recursos, mi capacidad de sacrificio, de asumir los errores.

Es usted más de una pieza que muchos cincuentones.

A veces me he equivocado de camino, pero he aprendido que no sirve de nada lamentarse: tendré que asumir el error y recuperar ese tiempo perdido en la carrera.

¿Se le pasa por la cabeza abandonar?

Sí, la noche antes de una carrera mientras vas hablando con un compañero de cosas banales, vas pensando en todas las posibles excusas, algunas de lo más locas, para no correr. Es una manera de quitarte presión.

¿También imagina la derrota?

Cuando sales a entrenar imaginas la victoria, pero a medida que se acerca la carrera imaginas cómo te vas a sentir tú y la gente que te ha apoyado si pierdes.

¿Se fija en la cara de los contrincantes?

Sí, veo en los ojos de los demás si están fuertes. Pero acabas conociendo más a los corredores por sus piernas y sus culos que por las caras, porque es lo que ves cuando corres.

¿Qué significa ganar?

Conseguir un sueño, pero llegar el primero no siempre es ganar: si tú ya sabes que vas a ganar, esa no será una victoria porque no te aporta nada. Se gana contra uno mismo.

...

A veces al cruzar la meta sientes rabia; otras, amor por todos los que han estado a tu alrededor; otras, orgullo o felicidad pura, y es entonces cuando te pones a llorar. Pero una vez has sentido una emoción así quieres volver a sentirla. Es como el amor: cada vez quieres más y más a menudo.

¿Cuál es la reacción más sorprendente que ha visto cruzando una meta?

Uno cruzó la meta y se quedó más de dos horas sentado en el suelo, absorto, ido.

¿En qué piensa durante esas carreras de 40 horas?

En lo mismo que pensaría si estuviera sentado, en lo que tienes que hacer la próxima semana o cualquier cosa que te distraiga. Conocemos perfectamente nuestro cuerpo, pero no sabemos nada de nuestro cerebro, y te puede jugar muy malas pasadas.

¿De qué tipo?

De repente sientes ganas de abandonar. A veces a mitad de carrera no puedes más y, sin embargo, al final te encuentras con mucha más fuerza; o escuchas en tu cabeza una y otra vez el mismo estribillo, como me ocurrió en la vuelta al lago Tahoe: ¡cinco horas con las mismas dos frases!

38 horas de carrera sin dormir, ¿qué pasa cuando llega la noche?

Sólo ves tus pies, lo que ilumina el frontal, y escuchas tu respiración. Entras en unas espirales de concentración que ponen tu mente en estados muy frágiles. Hay gente que ha alucinado con que los árboles le atacaban, yo alguna vez he oído voces, pero era consciente de que era mi mente.

¿Y no pasa miedo?

Sí, por cuestiones físicas, a veces corres junto a un precipicio y sabes que si resbalas te matas. Pero superarlo es una explosión de adrenalina. El deporte nos lleva a intentar controlarlo todo y las incógnitas nos dan miedo, pero sin miedo no hay emoción.

¿Cuántas veces se ha preguntado por qué corre?

Muchísimas, y me lo sigo preguntando. Probablemente corro para encontrar la respuesta. Crecí en un refugio de alta montaña, un pico en el que hacían noche los excursionistas, así que el patio de casa era la montaña.

Entiendo.

La montaña es algo que necesito para sentirme seguro y vivo. Levantarme por la mañana, ver kilómetros de bosque, que el viento me dé en la cara...

¿Qué es para usted lo fundamental?

La felicidad. Para ser feliz debo ver felices a las personas que me rodean. Y debo disfrutar de lo que hago.

Domingo 24 La Vanguardia.es