domingo, 21 de diciembre de 2014

NATACIÓN PARA EL PACIENTE CARDIOVASCULAR

La natación forma parte de los ejercicios isotónicos o dinámicos recomendados para los enfermos del corazón, debido a que en su ejecución se mueven grandes masas de músculos de todo el cuerpo y suben con menos brusquedad la tensión y el pulso. Sin embargo, cada paciente es diferente, de allí que hagamos las siguientes precisiones: Salvo en casos excepcionales, se desaconseja la natación competitiva porque aumenta bruscamente la tensión arterial. No se debe aprender a nadar después de presentar la enfermedad, a menos que se haga bajo control médico. Los estilos de natación más adecuados para los enfermos cardiacos son: braza, estilo libre y espalda. El de mariposa está contraindicado. 

¿Mar o piscina? 

Mejor la piscina. Las playas, sobre todo las de gran oleaje, exigen más esfuerzo que pueden aumentar la presión. La temperatura del agua debe estar 25 y 30 grados. Temperaturas más frías pueden causar angina de pecho o arritmias en enfermos del corazón. Las temperaturas más altas pueden producir fatiga. La natación consiste en desplazarse sobre la superficie del agua. Cualquier edad es buena para nadar, sólo que se recomienda desarrollar una buena técnica, para que el coste energético no sea elevado y poder aprovecharlo plenamente. 

Prepárate antes de nadar 

Si no se ha hecho nunca deporte o se está en baja forma, debes prepararte unas dos o tres semanas antes con ejercicios dinámicos, como andar, correr, bailar. Calienta antes de entrar a la piscina, por lo menos entre 10 y 15 minutos. Una carrera moderada en la que se intercalen ejercicios de elasticidad, estiramiento, movilidad y flexibilidad articular te ayudará. Comienza la natación de forma progresiva y baja intensidad para evitar la fatiga y hacer hincapié en los ejercicios respiratorios, sobre todo si se está desentrenado o enfermo. Una vez finalizada la natación hay evitar el enfriamiento y las bajadas bruscas de tensión arterial. Caminar o hacer flexiones ayudará a evitarlos. 

Pauta de entrenamiento 

Para que la natación tenga efecto en nuestro organismo debe practicarse al menos tres días por semana durante 50 minutos. Una intensidad entre el 65 y el 85 por ciento de la Frecuencia Cardiaca Máxima (FCD) produce efectos beneficiosos en el sistema cardiovascular y respiratorio. La FCD se calcula con una ecuación muy sencilla así: (220 – edad) x 0,65. Consejos Utiliza gafas para proteger los ojos de los efectos nocivos del cloro. Las personas con predisposición a sufrir otitis deberán usar tapones para los oídos. Elige el estilo de natación más cómodo. Teniendo en cuenta que el de braza es el que más músculos mueve; el crowl o libre es el más enérgico y estimulante; el de espaldas es el menos aconsejado para principiantes y el mariposa sólo para expertos. El ritmo será lento, uniforme y se recomienda alternar los distintos estilos para evitar las sobrecargas musculares. Bebe abundantes líquidos antes y después de nadar. Si careces de la técnica y la forma física necesaria, alterna nadar de forma continuada con elementos que favorezcan la flotación. 

Precauciones 

Si te bañas al aire libre, evita las horas de máximo sol y calor. No te zambullas de cabeza en aguas poco profundas. Utiliza preferiblemente las piscinas cubiertas climatizadas. Aunque el esfuerzo físico no interfiere necesariamente con el proceso digestivo, es mejor evitar nadar inmediatamente después de comer. La natación y el control de los factores de riesgo cardiovascular: Colabora en el mantenimiento del peso ideal, previene la obesidad y evita los hábitos sedentarios. Ayuda a tener más bajas las cifras de tensión arterial. Favorece el control de las cifras de colesterol y azúcar en sangre. Puede ayudar a las personas que sufren estrés o un gran desgaste psicológico o emocional. http://www.fundaciondelcorazon.com/ejercicio/deportes/825-natacion-para-el-paciente-cardiovascular.html

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