domingo, 16 de noviembre de 2014

BILINGÜISMO (EXTRAORDINARIO ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EN LA COMUNIDAD DE MADRID)

BILINGÜISMO por Enrique Sánchez Ludeña el 12 mayo, 2013 en Educación 
                           

PERO TAMPOCO, SOCIALES, EDUCACIÓN FÍSICA, HISTORIA, TECNOLOGÍA, PLÁSTICA, ETC                  

En estos tiempos de incertidumbre y precariedad laboral, el sentir social mayoritario es que tanto la informática como el inglés son casi indispensables para encontrar un empleo. Y este sentir se amplifica desde los medios de comunicación y se recoge en el discurso político. De esta forma, el uso de las nuevas tecnologías y la enseñanza de idiomas se convierten en temas obligados siempre que el candidato o el gobernante de turno hablan de lo educativo. 

Como sucede con todo aquello que puede suponer alguna rentabilidad electoral, el inglés y lo digital concentran los esfuerzos y las inversiones, al tiempo que se descuidan otros aspectos, más necesarios pero menos mediáticos, de la educación. Y lo que es peor, la legislación y el gasto se modifican en consecuencia, de modo que quede patente que a estas cuestiones se les presta la debida atención; aunque el resto del edificio se resienta o se desmorone. 

Un ejemplo de esta forma de proceder es la mal llamada enseñanza bilingüe, que no es lo que su nombre sugiere sino más bien una enseñanza en dos idiomas; porque el bilingüismo consiste en la adquisición simultánea de dos lenguas, de forma espontánea y en un ambiente donde ambas lenguas coexisten y se emplean indistintamente, y este no es el caso de nuestros colegios e institutos, en los que puede que los alumnos terminen sus estudios con un nivel aceptable de inglés pero sin ser bilingües en absoluto. No obstante, para facilitar la lectura de este artículo, los seguiremos llamando de esa manera. 

Entre los proyectos o modelos de enseñanza bilingüe que se están desarrollando en nuestro país, posiblemente sea el de la Comunidad de Madrid el que se tomará como referencia en la mayoría de las Comunidades Autónomas; al menos en aquellas que están gobernadas por el mismo partido. 

A grandes rasgos consiste en lo siguiente: Ciertas materias se desarrollan en la lengua materna mientras que otras se imparten en la segunda lengua, generalmente el inglés. Para impartir enseñanzas en esta segunda lengua no hace falta ser bilingüe, sino estar habilitado para impartirlas; es decir, certificar que se tienen conocimientos suficientes del idioma como para desarrollar una clase sin recurrir a la lengua materna de los alumnos, que suele coincidir con la propia. Esta habilitación se obtiene después de haber superado una prueba diseñada a tales efectos. Aunque se dan situaciones absurdas en las que un profesor de inglés no está habilitado para enseñar otras materias en este idioma, porque no ha podido, o no ha querido, cumplir los requisitos necesarios para la habilitación (examen incluido). 

En cualquier caso los conocimientos y el dominio del inglés que tienen la mayoría de los docentes habilitados no son los que serían deseables (C2 o Proficiency) sino que son ligeramente superiores a los de un usuario intermedio avanzado. Muchos de estos docentes, además, tienen una pronunciación muy voluntariosa pero claramente incorrecta, posiblemente porque no la adquirieron en edades tempranas. Esta es una de las razones por las que, además del profesorado habilitado, se cuenta con el apoyo de unos auxiliares de conversación que, estos sí, son nativos y, como su nombre indica, se ocupan de hablar con los alumnos y proporcionar la entonación y la pronunciación adecuada del idioma. 

En palabras de un conocido político: no se trata de enseñar inglés, sino de enseñar en inglés. Y nos encontramos al profesor de Science intentando explicar con el mejor posible de sus acentos y la versión menos incorrecta de su gramática, las partes del aparato digestivo o en qué consiste la fotosíntesis. Todo ello intercalando, también en inglés, las indicaciones y amonestaciones habituales a los alumnos acerca de cómo deben sentarse, dejar de hostigar con el lápiz al compañero, permanecer en silencio, aguantar hasta que termine la clase para ir al baño y otras similares. Y, lo que resulta mucho más difícil, intentando transmitir el mismo énfasis y la misma pasión que conseguía en sus explicaciones en castellano; es decir, haciendo todo lo posible porque la dificultad lingüística no anule la capacidad de emocionar. 

Periódicamente, hay exámenes externos para acreditar los distintos niveles que van adquiriendo los alumnos y, en el último curso de primaria, con 12 años, se lleva a cabo una prueba final. Esta prueba se realiza con el Preliminary English Test for schools de la Universidad de Cambridge, tiene como referencia el nivel B1 (nivel intermedio bajo) del Marco Común Europeo y evalúa las cuatro destrezas básicas de cualquier idioma: hablar, escuchar, leer y escribir. El resultado obtenido en esta prueba condiciona la futura trayectoria académica del alumno. 

Una vez acabada la educación primaria en un colegio bilingüe, la continuidad lógica es asistir a un instituto que también lo sea; pero se plantean distintos problemas e incongruencias. Uno de ellos es la diferencia en el dominio de la segunda lengua de los distintos alumnos, bien porque no hayan alcanzado el nivel necesario en la educación primaria, bien porque procedan de un colegio que no era bilingüe. En previsión de esta situación, estos institutos están divididos en dos secciones: el Programa bilingüe y la Sección bilingüe. 

En la primera de ellas el bilingüismo se reduce a impartir una hora diaria de inglés, además de la tutoría y alguna otra asignatura, mientras que en la segunda la mayoría de las asignaturas, salvo Lengua y Matemáticas, se imparten en este idioma. Para formar parte de esta sección, que es la que más se aproxima a lo que se podría considerar enseñanza bilingüe, es necesario haber superado la prueba final de primaria o acreditar que, como mínimo, se tiene el nivel que en ella se exige. 

Esto supone una forma sutil de selección, ya que se agrupa a los alumnos según demuestren o no ciertas habilidades o tengan ciertas competencias; en este caso, el dominio del idioma, aunque podría hacerse lo mismo con el manejo de las matemáticas, en el supuesto de que alguien diseñara algo parecido a unos institutos científicos, o con las habilidades deportivas, si es que se llegara a considerar que el ganar muchas medallas en unas olimpiadas proporciona algún tipo de ventaja internacional. 

De alguna manera esto se contradice con el diseño general de lo que debe ser una educación inclusiva en la educación obligatoria. Y esta separación no afecta solo a los alumnos sino también a los profesores. 

El que un colegio o instituto se convierta en bilingüe requiere de la conformidad del claustro de profesores; pero un centro corre el riesgo de vaciarse si no opta por ello y hay otros centros en sus proximidades que sí ofrecen esta opción. Y al aceptar convertirse en bilingüe se enfrenta a una transición en la que faltan profesores por un lado mientras que sobran por el otro. 

Es más, a medida que pasan los cursos y el proyecto va creciendo, los profesores no habilitados comienzan a verse desplazados, a pesar de lo buenos que sean impartiendo sus materias. Y podemos encontrarnos con que un magnífico profesor de historia o de biología se reemplaza por un docente inexperto que, no obstante, dispone de un nivel C1 de inglés. 

Como, además, este nivel no suele ser suficiente para impartir una clase con soltura, lo que suele suceder es que la principal dificultad de esta clase, tanto para el profesor como para los alumnos, no es la propia de los contenidos sino la que impone la falta de dominio del idioma. Con ello se está consiguiendo que no aprendan bien inglés ni tampoco la asignatura. 

El Programa de Colegios Bilingües de la Comunidad de Madrid se puso en marcha en el curso 2004/2005 y todavía es pronto para establecer un juicio definitivo sobre su eficacia o su conveniencia. No obstante, como puede desprenderse de la lectura de este artículo, se plantean dudas acerca de qué se esté haciendo lo más adecuado. 

La implantación masiva del bilingüismo tiene sus peajes y el ritmo tan elevado al que se está haciendo está obligando a encontrar docentes donde no los hay, está añadiendo todavía más dificultades a los alumnos que ya las tenían, está vaciando ciertas materias de contenido convirtiéndolas en la excusa necesaria para enseñar inglés al tiempo que desplaza o expulsa a otras materias de los horarios, está creando distintas categorías de alumnos y profesores, está suponiendo un gasto considerable que podría emplearse en otras partidas y, en definitiva, está primando una habilidad sobre otras que son tanto o más necesarias que ella

Estas dudas aumentan todavía más cuando se analiza cómo está implantado el bilingüismo en el resto de Europa. Entonces se descubre que, aunque hay enseñanza bilingüe en la mayoría de los países europeos, esta enseñanza no es el modelo general sino que está orientada hacia la integración de alumnos inmigrantes o bien se destina a comunidades de alumnos que ya son bilingües al llegar a la escuela, por ejemplo los que viven en zonas fronterizas con otro país. Y en el caso concreto de Finlandia, que sí tiene una red de escuelas bilingües, las circunstancias del país y la preparación de los profesores son muy diferentes de las nuestras. 

Después de haber pasado varias décadas desde que fuera introducido en los programas escolares, la enseñanza del inglés en nuestro país sigue siendo claramente deficiente. Además de las carencias de los que lo enseñan y la orientación excesivamente académica de nuestra forma de enseñar, se podrían encontrar otras razones para explicar este hecho, como el tamaño de los grupos, la poca similitud de una lengua latina con una lengua sajona, el que no haya sido tan necesario como lo es ahora, el que los dibujos animados, las series y las películas no se emitan en versión original y tantas otras. 

Pero lo cierto es que, en otros países, sin bilingüismo, con menos horas lectivas y menos esfuerzo se consiguen resultados mucho mejores, sin convertir el inglés en el eje sobre el que gira el resto del aprendizaje.

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