Para comprobarlo, utilizaron una pequeña muestra de 29 niños de 3 a 5 años a cuyos padres se les preguntó por los alimentos que no les gustaban. Las coles de Bruselas y la coliflor estaban entre las verduras que la mayoría de niños no habían probado nunca.
Por ello, durante una semana los niños estuvieron comiendo coles una vez al día, y a la mitad se las presentaban únicamente cocidas y a la otra mitad mezcladas con queso, que gustaba a todos los niños participantes.
Después de este período de acondicionamiento, los niños se les dieron las verduras sin nada, y de este modo vieron que a los menores que las habían comido previamente con queso les gustaban "significativamente más" cuando luego las comían solas.
Además, cuando a la semana siguiente se les ofreció coliflor, el grupo que había comido las coles con queso solía ser más receptivo a esta nueva verdura.
Los autores reconocen que esta técnica de unión de sabores puede ser efectiva no sólo para las coles de Bruselas y otras verduras, sino para cualquier alimento que se pretenda introducir en la dieta del menor.
"Los niños desarrollan sus preferencias alimentarias desde muy pequeños, pero suelen ser muy exigentes a esas edades, por lo que es importante insistir en estas edades para lograr que los hábitos saludables se mantengan hasta edad adulta", ha añadido Devina Wadhera, también autora de la investigación.
7 Feb. (EUROPA PRESS)
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