La magnitud de este problema crece en Aragón y concretamente en la provincia de Huesca, donde se producen más del 96 por ciento de los rescates de montaña de la comunidad. Por ello, desde el Departamento de Fisiatría y Enfermería de la Universidad de Zaragoza, Inés Sanz, ha profundizado en el hábito hídrico de estos deportistas y los efectos producidos en su organismo. Este trabajo, que forma parte de su tesis doctoral, tiene por objetivo conocer las costumbres de hidratación de los montañeros que se encuentran en las cotas aragonesas de mayor altitud, así como los efectos de la deshidratación.
El agua superficial, procedente de fuentes, manantiales y ríos, es la bebida más consumida por los montañeros, lo que refleja una ausencia de planificación y prevención hídrica: casi la mitad de la muestra de alpinistas no disponía de agua durante la actividad deportiva. Igualmente, el periodo previo a la realización del ejercicio físico es el momento en el que un menor número de montañeros ingiere fluidos, frente al incremento del consumo que se produce durante y después de la actividad. Este aporte insuficiente se da en todas las estaciones y eleva la probabilidad de que se instaure un cuadro de deshidratación.
La sed es la causa principal por la que los montañeros beben. La tesis incluye además diferentes propuestas básicas para prevenir y evitar la deshidratación: tomar una determinada cantidad de agua en función de las kilocalorías ingeridas en el día anterior a la realización de la actividad, disponer siempre de líquidos y consumirlos cada 15 o 20 minutos durante el desarrollo del esfuerzo físico, o facilitar la reposición hídrica al término de la actividad deportiva.
17 Jul. (EUROPA PRESS)
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